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LEMA ORANTE

La oración de los adentros”

JLP 03052026

 

Y transcurren… formas de vivir, de convivir, que se afanan en la trampa.

 

Y transcurren decisiones de valor, por las repercusiones que suponen, con engaños de aparentes verdades.

 

Es un transcurrir “torpe”, de tropiezos y previsiones de escándalo, como si se quisiera llamar la atención para buscar otra actitud, otra reacción, otro hacer.

 

Y así, por ejemplo, en una contienda –de las muchas que hay-, después de alcanzar un alto al fuego transitorio, momentáneo, una de las partes de la población protestó porque podría interpretarse como una derrota. Había que seguir la guerra.

 

Ya no era un dirigente o… No. Era la población en general.

 

El contagio de los llamados “poderosos”, en sus afanes por el dominio esclavista, se contagia.

 

No es una novedad, no, pero se nos hace, a los que hemos transcurrido con una cierta perspectiva, que el contagio es masivo; que alcanza a infantes, a púberes, a jóvenes, a maduros, a longevos… Pareciera ser una epidemia en la que resulta difícil, e incluso peligroso, opinar, sugerir, plantear… algo que no sea belicoso, ganador, triunfador, que rinda beneficios.

 

Se supone que tenemos los “adornos” –entre comillas- de las libertades de expresión, que en contra de lo que a buen seguro se pensara –es decir: modo de conciliación, de entendimiento, de regulación, de solidaridad, de evolución-, más bien se convierten en instrumentos guerreros: de ataque… insolencia…

 

Y en la medida en que nos damos cuenta de ello y no nos quedamos en la “fácil” –entre comillas, sí- crítica de éste, aquél, el otro… Cualquiera que pueda estar en la beatitud hoy, mañana tendrá una denuncia y estará en los papeles de acusado, prejuiciado y denostado.

 

Pero, sí: la reacción que prevalece es esa queja, crítica… que vale bien para un relato momentáneo, pero no es, no llega a ser –obviamente excepciones-… no llega a ser sentida.

 

Es un módulo que responde a otro… mientras cada uno busca su solvencia.

 

¿Cuál es la categoría ‘senti-mental’ de afrontar lo que transcurre, cómo transcurre y de la manera en que lo hace… nuestra humanidad? Y cada vez –da igual en dónde suceda- los parecidos son cada vez mayores. Sin duda, es una epidemia.

 

La Llamada Orante nos propulsa a considerar, todos esos sucesos, ciertos, inciertos, falsos, mentirosos, tendenciosos, capciosos, manipuladores… –ese largo etcétera de palabras-.

 

Nos lleva, la Llamada Orante, a considerar esa epidemia como un dolor de humanidad.

 

Podría decirse: "me duele el mundo", pero sin señalar. Porque cada señalamiento es una nueva intención de combate –o puede llegar a serlo-.

 

Y es así que nos sentimos –al menos en el instante orante- condolidos… Cuando, sin más, aparece la noticia de que una persona ha acabado con la vida de ocho niños. Luego se dio a la fuga, y la policía acabó con su vida. Se investigan las causas. Parece ser que alguno de los niños era… o tenía algún vínculo familiar con el ejecutor.

 

¿Qué ha pasado?

 

No lo sabremos por el actor, no. Tampoco por los que se fueron a otra dimensión. Empezaremos a hacer conjeturas.

 

No es que sea un drama mayor. Es un punto de inflexión, como muchos más que habrá hoy.

 

Y, sin duda, la población adjunta a este hecho estará condolida. No nos cabe la menor duda.

 

¿Cuánto tiempo va a permanecer esa sensación? ¿Y qué respuesta se va a dar, vamos a dar, ante estas… plagas?

 

No tenemos acceso a ejércitos, ni a juzgados, ni a jueces, ni a leyes, ni a políticos, ni a banqueros; todos ellos embadurnados –junto con religiones- en intereses espurios.

 

No, no podemos cambiar las cosas desde dentro de toda esa amalgama. Tenemos que revisar, visualizar, contemplar nuestras condolencias, en base a la virtud de nuestros “adentros”.

 

Sí, no es una palabra muy… muy significativa, pero sí es una palabra muy sensitiva, muy sin definición.

 

Esas son las buenas palabras. Las que definen, pronto o tarde terminan cortando, cortando.

 

Las indefinidas son cantos como poemas, que abarcan lo consentido, lo con-amado, ¡lo entusiasmado!, lo proyectado, lo imaginable.

 

Sí. Todo eso son los adentros.

 

Bien podríamos decir que nuestra oración revelada, hoy, es “la oración de los adentros”, que puede ser que nos deje sin razonamientos, pero no quedamos indiferentes.

 

Cada ser sabe –sin conocer, pero sabe “de sensibilidad”- algo sobre sus adentros.

 

Adentros que brujulean con sonrisas sin razón o rictus sin opinión.

 

Adentros que se complacen por una sensación… de un color, de un sonido, de una visión.

 

Ese “me duele el mundo” nos lleva a esos adentros, para que nuestro minifundio microscópico sea un fermento de aliento límpido, cristalino y transparente… que no admite opacidad ni mancha. Y no tiene que combatir para ello.

 

No combate el diamante su perfil, para defenderse de una sombra. Su talla es… inmejorable.

 

Condolido en mis adentros, se enciende la conversión que purifica mis torpezas, que rodean el transcurso de este estar de humanidad.

 

Ardo en pasión por purificar lo manchado, lo atesorado, lo criticado, lo prejuiciado.

 

Que ni siquiera el humo aparezca, o que pronto desaparezca, y solo quede la luz de la llama.

 

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