*LEMA ORANTE
¿Y por qué no?
JLP 13092027*
Y cada día se hace una nueva creación. Y con ella, nos induce la vida a creativizarnos y a soltar los programas rígidos, estrechos, costumbristas e impuestos.
Cuanto más se adentra el ser al saber del universo en el que habita, más nos damos cuenta, como especie, de nuestro desconocer; más nos damos cuenta de nuestra miópica visión; y más aún, de las reglas que se manejan como ciencias de la verdad.
Y es así que con más frecuencia aparecen... muestrarios de cálculos, de números que nos dicen que no hemos estado, ni estamos, ni siquiera cerca de asumir qué es el universo.
Pero sí, cierto es que esta Creación se diversifica, y en la medida en que –entre comillas- “conocemos”, descubrimos nuestro des-conocimiento.
Esta consideración de la Llamada Orante puede quedar en una simple referencia científica de noticiero, pero precisamente al emitirse en Llamada Orante, nos implica; nos implica en nuestro compromiso, planteamiento, verdades, opiniones, criterios, costumbres… y sobre todo en el: “eso es así”.
¿“Eso es así”…?
Primero habría que definir el “eso”. Y luego, el “así”, como imperativo dominante, no tiene cabida en el universo, en la Creación, en la vida.
Las propias evidencias –lo que llamamos “evidencias”- tienen un matiz, todas ellas, de especial relevancia, que puede acrecentarse o ‘decrecentarse’ según el momento, la circunstancia, la evolución, el tiempo, el análisis…
Un matiz. Y es que todo el transcurrir está salpicado de matices; los cuales, como… –para quizá entenderlo mejor- como en nuestro código genético: los genes se activan, se desactivan, saltan… se mutan… ¿Por qué?
Pues… es un matiz. Basta con que un solo gen de los que tengamos –que tampoco se sabe-, se modifique en su normal comportamiento, para que la estructura cambie, la configuración se modifique, la función se distorsione, o simplemente sea diferente.
Un matiz.
Recientemente –un ejemplo social- se estaba juzgando a una mujer porque mató a sus tres hijos en un… –para resumir- en un ataque de locura. Un tipo de ataque de locura que está descrito como una alteración transitoria.
Pues bien: en el juicio, once personas del jurado opinaban una cosa, y una opinaba otra, en cuyo caso no se llegó a un veredicto y el juicio fue declarado nulo.
Y pareciera que era evidente –porque así fue- que se habían cometido tres asesinatos.
¿Sí? ¿Seguro…?
Aparece el matiz de la palabra, el matiz de la forma, el matiz de la motivación, el matiz…
Todo eso forma parte de la incesante Creación.
Y es así que la referencia orante nos proyecta a visionar continuamente nuestros proyectos, nuestros planteamientos, nuestros puntos de vista…; esos que a veces quedan ahí, enganchados a prototipos: “no, es que es así”, “es que éste es así”, “es que aquél es asao”…
Y bueno, ya sabemos que lo que para unos es un escándalo, para otros es algo corriente. Dependerá del “matiz histórico” de cada uno: de sus costumbres, de sus normas, de su moral.
Como se ve, no es tan difícil darse cuenta de que nuestras identidades en cuanto a criterios, opiniones y puntos de vista son verdaderamente deshilachadas.
Y es así que debemos buscar el hilo conductor del Misterio Creador, para poder transformar, trasladar, cambiar, modificar, mover, transfigurar nuestros criterios… de capacidades, incapacidades, posibilidades…
Es como si un pintor se negara a usar el color verde o el amarillo, porque algo le ocurrió cuando llevaba una camiseta de ese color. Y queda ahí –ahí-, ofuscado en que no puede usar ese color. Y sólo ese matiz le hará que se ofusque en otras muchas cosas y que vaya ‘criterizando’ –criterios y criterios y criterios- sobre todos y hacia todos.
¿Apostamos por la vida, o no? ¿O apostamos por “esto es así”?
Si apostamos por la vida, ésta, hay que recordar que se encuentra en un universo.
Es que parece tan fácil evidenciarlo, que luego resulta que es tan difícil concretizarlo…
Y no. El ser se acuerda de su casa, de su barrio, de su país… Y decirle que es un ser de universo y que está sometido a los permanentes momentos creativos, pues ¡rechina!
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- No, si él siempre toma café a las seis de la mañana.
.- ¿Siempre?
Por una parte, puede ser un signo de eternidad, ¿verdad? Es decir: “La muestra de que soy eterno es que tomo siempre café a las seis de la mañana. ¡Siempre! Si un día me prohíben el café, no sé, no sé qué será de mi vida”.
¡Qué fuerte! ¿no?
Y así, el ser se va acomodando a sus costumbres, a sus dogmas, a sus sentencias –¿verdad?-, que repite una vez y otra vez y otra vez… hasta que las convierte en leyes.
Y de ahí al juicio. Y de ahí a la condena. Y de ahí al castigo, claro.
Si apostamos por la vida, hacemos las apuestas en juego… de una dinámica creativa, novedosa, variable, cambiable, dinámica. Si es que hay muchas palabras para apoyar, para incentivar y motivar actitudes y acciones.
Sin duda, han sido –y son- millones de eones –ya no vamos a decir “años”- en los que se ha ido conformando un epigenoma que ha condicionado un genoma al que se le hace difícil cambiar, variar, modificar.
¿Y si introdujéramos –a modo de matiz, de gen- en el sentencioso “porque sí”, introdujéramos la variable:
“¿Y por qué no?”.
En el “porque sí” no hay opciones. Es así. En el “¿y por qué no?” hay una interrogación, hay un cúmulo de posibilidades. Me salgo del “porque sí” para entrar en otra perspectiva, en otra dinámica.
“¿Y por qué no?”.
Es como si el transcurso vital estuviera lleno de puertas, y alguna estuviera cerrada.
Todas han de estar abiertas, para poder entrar y salir.
En el momento en que –y esta palabra es clave- condenamos –la condena- una de las puertas, cerramos la creatividad, cerramos… porque esa creatividad de Creación necesita todo abierto. Todo. Todo.
Y es así, cuando está todo abierto –¿y por qué no?-, cuando entramos en esa sintonía universal; en esa sintonía universal de imprevisibles, inesperados, sorprendentes, novedosos…
Encerrados en atavismos –bien dice la palabra: “atados”-, en definitiva, esclavitudes de filósofos, pensadores, matemáticos, científicos, sabios… –que marcaron según sus intereses, sus puntos de vista, una ley-, se fueron condicionando todas las posibilidades. Y al condicionar las posibilidades cerramos nuestra vida de universo.
¡Con qué facilidad!, la tradición decía: “somos un microcosmos”. No añadía más.
Contundente. Pero no impositivo. Más allá de lo evidente: tras-evidente. Es la forma de sentirnos universo: desconocidos, misteriosos, trascendentes.
Y así no quedarnos anclados en ninguna posición.
Y hacer de nuestra fidelidad… una flexible evolución que se transforma, que se convierte, que se dinamiza, que se acrecienta.
El orden de la orden del ordena-miento se empeña en clasificar, dogmatizar y establecer rigideces. Y afirma que así es posible vivir y convivir. Y si no fuera por ese orden, todo sería un caos. No se refiere al caos del universo.
Pareciera que no estuviéramos en ese universo, ¿verdad? Y todo tiene que estar en orden; dictatorialmente en orden. Para eso los Boletines Oficiales de los Estados emiten sus leyes y sus normas diariamente, incansablemente: para que así, de una forma o de otra, todos adquiramos la consciencia de “culpables”.
Es una estrategia fácil de cualquier dictamen, dictadura, poder o dominio: que haya las suficientes leyes y normas y vigencias para que alguna de ellas no puedas cumplir. Y ya, te sentirás culpable o te harán sentirte culpable. Porque tú, además, previamente, pediste el orden. Querías el orden, la tranquilidad…
Pero, claro, cada uno lo quería de una forma diferente.
Y así, culminantemente, se consiguen suficientes órdenes, legislaciones, nominaciones, etcétera, como para que todos se sientan culpables.
Claro, el culpable se defiende. Y ¿cuál es la forma de defenderse? Con la misma herramienta con que le hicieron culpable: buscando alguna ordenación, alguna ley, alguna norma que, evidentemente, demuestre que el otro es el culpable.
Para el dictador –en términos genéricos: sea demócrata, izquierda, derecha, centro, y todas esas oblicuas denominaciones-… para el dictador, todo lo que no sean sus dictámenes son erróneos. Y para los que reciben esa dictadura, todo lo que emane del dictador es terrible.
¡Qué forma más burda, mediocre, de entrar en una guerra permanente!
Ahí pierde el ser su sentido de universalidad, de creatividad. Se dogmatiza en sus puntos de vista, cuando resulta que debería flexibilizarse aportando, opinando, argumentando.
Cada amanecer nos brinda un brillo nuevo con el que poder orientarnos.
Que no se caiga en la radical consciencia de lo pasado.
Que la consciencia se abra a los infinitos laureles de: ¿Y por qué no?
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