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LEMA ORANTE

La variable creadora”

JLP 01022026

 

Y la continua organización, estructuración, orden… va esculpiendo unas condiciones, condicionando cada sentir, cada pensar, cada imaginar. Y a menos que se esté alerta y muy atento, se generaliza un orden, se generaliza una estructura, un comportamiento… Y ya, el orden, el condicionante, impide la originalidad, la evaluación, la sinceridad, la claridad, la ilusión y los proyectos.

 

Habitamos en sociedades condicionadas que –por no llegar a decir “libertad condicional”- sí ordenan nuestras sensaciones, nuestras vivencias.

 

Y en las sociedades más manipuladas, se establece un comportarse “de acuerdo a” los estímulos o las situaciones que se generen. Incluso hay clasificaciones según edad y sexo, clasificaciones de reacciones de acuerdo a lo que ocurre, a lo que pasa.

 

Hablar –en esas condiciones- de “libertad”, es una falacia.

 

La Llamada Orante nos conmina a que abramos nuestras cajas continuadoras, condicionadoras de respuestas codificadas y establecidas para que tengamos un comportamiento uniforme.

 

Tan uniforme, que esté perfectamente establecido, como estos cursos que estás en primero, en segundo, en tercero… de lo que sea.

 

La “inquietud universal” no está. El “conocer universal” no se contempla.

 

Nuestra presencia en la Creación no tiene sentido y, en consecuencia, todo ello es sustituido por condicionantes a propósito de “lo que toca” ahora; siempre buscando un “tocar” de comodidad, de mínimo esfuerzo y máximo rendimiento.

 

Nos pregunta la Llamada Orante: “¿Es así, acaso, nuestro estar y lugar en el universo, en la Creación? ¿Es así de estable, de “condicionado a”…? ¿O más bien estamos situados en un universo posibilitante, posibilitador, imprevisible, sorprendente…?”.

 

Pero, claro, si no lo observamos con esa mirada, sino que ni siquiera nos planteamos nuestra universalidad, sino que atendemos a nuestra individual personalidad, por ser de tal lugar, por haber vivido tal o cual profesión, por haber sufrido tal o cual incidencia...

 

Y eso, ya, condiciona una actitud, una respuesta… previsible.

 

Y es así que se generaliza el remedio, se pierde la selección, la elección extraordinaria, y no se sabe compatibilizar la creación universal con la individualidad genuina e imprevisible.

 

Por ello, debemos establecer cualquier tipo de posición, en base a la situación en la que se desarrolla ese acontecer desde el punto de vista planetario, celeste, universal, creador, hasta donde nuestra capacidad inteligente –si es que llega a determinados niveles-, especulativa e imaginativa pueda llegar.

 

Y de una manera constante... –“y de una manera constante”- establecer la variable creadora. Sí, esa variable que tiene cada ser, por ser una creación única, distinta, diferente.

 

Se precisa el desarrollo de una precisión que nos haga ver los condicionantes que coordinan nuestras respuestas, y ver si realmente son los sentires propios o, más bien, respuestas condicionadas que han sido elaboradas y programadas y expandidas para generar un tipo de respuestas uniformes, y así ser fácilmente manejables, manipulables... y correctores, al mismo tiempo, entre nosotros mismos.

 

A la hora de establecer estrategias para descondicionar nuestras respuestas y darles el aire necesario de la originalidad, podemos ser [1]una opción exprés o una opción de mercancías. Si somos una opción exprés, una locura exprés, vamos recogiendo lo que vamos viendo, despertando; vamos de vacío. Si la locura es de mercancías, vamos llenos, dejando, repartiendo mercancías.

 

El exprés es rápido, ágil, dinámico. Las mercancías son lentas, paulatinas, tardías, espesas, pesadas.

 

Y así ocurre, por ejemplo, en la salud adaptativa, en la que con un mismo rótulo unos evolucionan de una manera, y otros de otra.

 

Con lo cual, a la hora de intervenir, tenemos que saber “excepcionalizar” –con los recursos de que dispongamos-, saber “excepcionalizar” los remedios: que sean universales; que sean de contraste creador; que sean de reconocida influencia y con las variables suficientes como para –ante esa salud adaptativa- dar de lo que adaptativamente... disponemos, sabemos, conocemos.

 

Y claro está –claro está-: en la medida en que estamos condicionados a dar respuestas establecidas, ¿qué ocurre? Que inevitablemente condicionamos. Somos una cadena de montaje –en el sentido de cadena de atadura- y reflejamos –sin querer queriendo- nuestros condicionantes, y los aplicamos a otros.

 

Y así, los grandes “acondicionadores”, que buscan recursos de beneficios, de ganancias, de dominios, de poder, una vez instaurado el régimen de condiciones, saben que se condicionarán solos. Habrá que revisarlos de vez en cuando, sí, pero como no es una situación de designio propio, al incorporarla como designio de obligación, la primera reacción de rebelión es imponérsela a otro.

 

Como aquel que lo pasó mal en aquella experiencia: en vez de evitar que otro la pase, con frecuencia condiciona y expone a los demás a que pasen también por esa penuria o esa incomodidad.

 

¡Debemos reclamar nuestra originalidad creadora! Y desde luego –vaya por delante- que no se consigue simplemente llevando la contraria. No. Eso es fácil. Ante cualquier propuesta, siempre puedo decir lo contrario. Siempre tendré argumentos para contradecir. No. Lo que tengo es que aportar originalidad.

 

No vale con decir “no estoy de acuerdo”.

 

Es más, eso no vale.

 

Sí vale la propuesta, al hilo de lo que se dice y se hace; y siempre en ese tono de universalidad, de creación, hasta donde seamos capaces de llegar.

 

Y en estas posiciones de búsquedas de desacondicionar, la Llamada Orante nos recuerda dos aspectos muy necesarios a tener en cuenta. Uno: que los sistemas condicionantes provienen del entorno, y ese entorno está manejado, manipulado, controlado, ejercitado por otros seres de humanidad que buscan el poder, el control, el dominio, la riqueza, la fama, etc. Punto uno.

 

Y punto dos: que tenemos –por nuestra creación, por la naturaleza de nuestro ser- recursos; recursos de Misterio, recursos de Creación, que siempre están a nuestra disposición y que vuelan permanentemente hacia la creatividad.

 

En la medida en que nuestra creencia, nuestra fe, nuestra esperanza… se acrecienta en el Misterio, con mayor facilidad descubriremos la maniobra que nos trata de domesticar, controlar, imponer y, en definitiva, condicionar.

 

Y ahí nos sentiremos mercancías o nos podemos volver exprés.

 

Si contemplamos estas dos vertientes –resumiendo, claro-, la posibilidad de ser una mercancía no está, desaparece. No tiene suficiente hegemonía para anular nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro misterio.

 

Y es así que lo imposible desaparece, y se hace “siempre posible” cualquier dimensión.

 

Cada retraso en nuestro transcurrir nos hace mercancías fáciles de transportar y de llenarnos, y nos impide los vacíos.

 

Existe una cierta premura en expresar –exprés- nuestra trayectoria descondicionada, fluida, creativa, creadora.

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[1] Haciendo un paralelismo con los dos tipos de trenes: tren expreso y tren de mercancías.

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