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LEMA ORANTE

“Estoy necesitado de Creación, de Universo, de Vida”

 

JLP 1110202619*
 
La Llamada Orante nos referencia a la toma de decisiones que nos lleven a un estado de vibración que nos permita evitar la ruptura, evitar la confrontación, evitar la dispersión, evitar la contrariedad… y ser un bálsamo que promueve la posibilidad, las posibilidades del reencuentro, del anuncio, de la experiencia virtuosa de la bondad. 

 

La trayectoria de humanidad, actual, es un estado de descomposición; de un desequilibrio que no es el desequilibrio activo que promueve, sino de un desequilibrio de vértigo, de confusión, de radicalismos.

 

La Llamada Orante nos reclama nuestra naturaleza de armonía, de búsqueda de sintonía, de colaboración, de cooperación, de testimonio, de ayuda, de auxilio…, mientras la algarabía general de los poderes nos incita a la confusión, a la confrontación, al señalamiento, a la pena, a las continuas estadísticas de… “tantos”: “de cada tantos, tantos tienen angustia; de cada tantos, tantos están deprimidos; de cada tantos, tantos están ansiosos; de cada tantos, tantos sufren fobia; de cada tantos, tantos sufren pánico; de cada tantos, tantos…”.

 

Si sumáramos los tantos, no habría “de cada”; todos serían “tantos”. 

 

Y no son datos falsos, no. Un poco inflados, sí. Pero el desatino se impone. El desorden se establece. Y ciertamente se hace visible la lucha por la vida, la lucha por el equilibrio, la lucha por sentirse… normal. 

 

¡Qué lejos queda esa palabra! ¿Cuál es la referencia? 

 

Sí. Podemos recurrir a los tópicos de que en otros tiempos estaba la referencia religiosa, la referencia del líder político carismático, la referencia del sistema político imponente, la referencia... y ahora no. 

 

La lucha y la pelea contra aquello generó novedades, pero novedades que nos condujeron a la digresión, a la mediocridad, a la acción “por cumplir”, sin el afán por descubrir, modificar, modelar, moldear lo perturbado, lo alterado. 

 

Las sociedades llamadas “avanzadas” están sujetas a psicofármacos de una forma habitual. 

 

Las sociedades menos avanzadas están sujetas a carencias de vitalidad. 

 

No hay sociedades intermedias. 

 

Momentos de la historia se recuerdan como movimientos agrupados en torno al ganado, la cosecha, la vivienda, la labor… Ahora estamos en una inter-dependencia que compite para adquirir una preponderancia. 

 

La queja es la sintonía con el entorno. Y se juntan quejas para protestar –por ejemplo-, pero sin aportes de solución, sin proyectos de realización, con exigencias de dádivas, sin conocer la situación del entorno. 

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Y esta información del entorno se hace cada vez más difusa, más engañosa, más manipulada, más difícil de interpretar. 

 

Y así como –por ejemplo- Cuba se asfixia por el bloqueo norteamericano, a la vez empiezan a implantarse placas solares en la isla para resolver el problema del flujo eléctrico. Y a la vez se llevan coches eléctricos para que no dependan del fluido maravilloso, negro, del petróleo. Por ejemplo. 

 

Y a la hora de analizar ese proceso –por ejemplo- nos quedamos sin recursos para interpretar cuál es la estrategia. 

 

Al igual pasa con otro país, como Venezuela –estos ejemplos son importantes porque nos dan una perspectiva de cómo se mueven las intenciones humanas-: Se invade a un país dictatorial, se sustrae a su presidente y su compañera a través de la eliminación de toda su guardia personal, y el resto del gobierno permanece. Y aquella que estaba llamada a suceder –premio Nobel de la Paz- se encuentra en el intento de si entrar o no a su país. 

 

Y preguntamos, e indagamos: ¿cuál es la estrategia? 

 

Es fácil contestar que “el imperio, el dominio, lo que quiere es…”. 

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Ya lo tiene. No hace falta más. 

 

Pero la duda de preocupación, como miembros de una sociedad de humanidad, es que lo que acontece está tan camuflado que no llegamos a… no ya digo “saber”, sino interpretar cuál es la tendencia y por qué. 

 

¿Por qué un país como Brasil, el más grande de Latinoamérica, se debate, en sus elecciones, entre un político que ha tenido encima toda la responsabilidad de los trabajadores –el “Partido de los Trabajadores”-, un político con experiencia, con conocimiento... y otro que es hijo de un padre que está condenado, que apenas si sabe hilar un discurso? 

 

Y de momento, las evidencias dan unos resultados electorales como no cabría esperar en una sensatez lógica. 

 

.- ¿Dónde está? 

 

.- ¿Quién?

 

.- La sensatez lógica, ¿dónde está? 

 

Sí. La Llamada Orante recurre a ejemplos; a ejemplos que no nos son ajenos, aunque pertenezcan a otros lugares, sino que esos mismos ejemplos los vivimos aquí: con los COVIDs, con las danas, con el ferrocarril, con Ceuta, con... 

 

¿Qué se sabe? ¿Qué ocurre? Mientras una plaza como la Puerta del Sol está llena de manifestantes para exigir un estatus de vivienda, a la vez, dos desahuciados –un hombre y una mujer- se suicidan por el desahucio, y nadie sale a la calle. 

 

Y ocurre esto simultáneamente. 

 

¿Cómo interpretar, en una comunidad, que –amén de sus diferencias- reaccione de esa manera tan distinta, tan… dolorosa? 

 

No; no somos ajenos, en ningún lugar, a estas distorsiones que nos llevan a la ira, a la rabia, a la búsqueda de… ¿soluciones? 

 

No. Ni siquiera se espera la solución. No. Se va “en contra de” porque… a ver qué pasa. Hoy, que disponemos de patrones de medición que pueden “garantizar” –entre comillas- una prospección de sistemas a un plazo no muy corto, más bien largo, ocurre todo lo contrario. 

 

El presidente ruso amenaza con que en cualquier momento inesperado o imprevisible pueda ejercitarse un armamento nuclear. Por ejemplo. Y podemos decir: “Bueno, pues… pues eso, ¿eso qué?”. 

 

No ya por lo que vaya a suceder –que no es peccata minuta, ¿no?-, sino por la vanidad de los poderes que dominan nuestras ánimas. 

 

Y es ahí donde la Llamada Orante incide; incide e insiste: en mantener nuestra integración, nuestra comunión con la Creación, nuestra firme decisión de la búsqueda creativa, innovadora; de promover una urgente –“urgente”- promoción de sanar. 

 

Ese sanar que está en el ánima, en la mente, en la inteligencia… Pónganlo en el nivel que se quiera. Pero que salga de nuestro hacer, de nuestro pensar y de nuestras palabras, promoción y desarrollo que sea universal; que dé ese toque que nos una, que nos comprenda, que nos haga congeniar, compartir. 

 

En ese tiempo del Acercamiento, de la Fusión Progresiva, que nos orienta el I-Ching, estamos especialmente “obligados” –entre comillas- a escuchar la Llamada Orante, que nos incita –no es la primera vez, sin duda, pero cada vez con tonos diferentes, con sensibilidades distintas- en torno al desarrollo de una humanidad solidaria, de una humanidad capaz de sostener, de sostenerse, como ejemplo de equilibrio, de comunión, de solidaria presencia con todo lo viviente. ¡No solamente con su propia especie!, como así habitualmente ocurre y como así habitualmente se generan los desastres de todos los entornos. 

 

Sí. Tenemos que situar a cada ser, a cada grupo, a cada elemento social con los que convivimos y compartimos, situarlo en una intención sanadora. 

 

Y ello implica una adaptación, de entrada, complaciente. Ello supone un sentido de Piedad y de Bondad, sobre todo hacia aquello que nos rechina, que nos disocia, o que trata de disociarnos o rechinarnos. 

 

No soy el indiferente consumidor del mercado de las baratijas, de dependencias de aquel o el otro producto. No soy un consumidor consumido. Pero a la vez estoy en el mercado. 

 

Y los mercaderes tratan de vender, sacar recursos a sus mercancías. Y nos ven como consumidores consumidos. 

 

Y no tenemos que huir. Tenemos que “acordar”. Tenemos que compartir. Sabernos necesitados los unos de los otros. 

 

Dar a conocer esta simple situación pone en marcha mecanismos sanadores. Porque si te necesito, he de cuidarte. Si tú me necesitas, me cuidarás. Si yo te necesito, te cuidaré. Porque me es preciso tu aporte, tu ayuda. 

 

Esa… posición de adaptación, de creatividad, de complacencia y de interpendencia –que en otras ocasiones hemos hablado; hemos orado también- se hace cada vez más necesaria: el darnos cuenta de que me necesitan y necesito. Y ello implica modificar actitudes, replantear posiciones, descubrir en dónde –en dónde, en dónde- están las inconveniencias, para que despertemos a que nos necesitamos unos a otros. 

 

Y esto, llevarlo a lo universal. No dejarlo en: “necesito a José” o “necesito a María” porque me llevo bien con ella, pero no puedo soportar que haga esto, o que él haga aquello, entonces… 

 

Pero no. Llevarlo a este universo. 

 

“Necesito”… ¡Necesito sentirme creado! Necesito descubrirme en el Universo. ¡Necesito enamorarme de la vida! Porque tanto la vida como el Universo como el Misterio Creador… me necesitan. De forma muy diferente a la que yo percibo, sin duda. 

 

Y tendré que irla descubriendo. Será la oración, la meditación y la contemplación, la que me muestre, me descubra. 

 

Y al llevarlo a los planos en los que intervengo directamente, como estructuras, y verme “necesitado de” y ver que “me necesitan para”, recordar el anterior momento de que estoy necesitado de Creación, de Universo, de Vida. 

 

Y cada uno de los otros semejantes a mí, y no semejantes –como minerales, como plantas, como microorganismos-, me necesitan y los necesito. 

 

Y a la vez, simultáneamente, soy Creación, soy Universo y soy Vida. 

 

¡No, no, no, no, no! No intenten razonarlo ni hacerlo lógico. Quédense con la vibración de lo que se dice. 

 

Si lo tratan de entender racionalmente ahora, van a entrar en la indolencia del rechazo. Les va a venir muy grande, ¡grandísimo!, y van a pedir libro de instrucciones, material y métodos. ¡No! 

 

Orar es sentirse en los umbrales del Amor Creador, que busca sus recursos para hacernos llegar, a través de lo orante, sugerencias y pulsiones para que seamos a imagen y semejanza. 

​

Y que veamos en el otro esa Creación, ese Universo, esa Vida. 

 

Y veamos que, así, al verlo así, lo necesitamos. Y él también nos verá así. 

 

Hoy hablamos y discutimos qué necesita nuestra microbiota para que estemos saludables. Estamos hablando con bacterias, con virus. 

 

Les estamos preguntando cuál es su mejor alimento, porque sabemos que inciden sobre nuestra capacidad cognitiva, sobre nuestro sistema inmunológico, sobre nuestro sistema hormonal, sobre nuestro sistema de ánimo. 

 

Y ellas, a su vez, nos manifiestan lo que necesitan a través de su “disbiosis” –su desequilibrio-, que nos desequilibra. 

 

Estamos necesitados “de”, y nos necesitan. Y estamos hablando entre el ser humano –el Homo sapiens-sapiens- y ¡bacterias! 

 

¿Qué es esto? ¿Pero no éramos el centro de la Creación? ¿No éramos la guinda del helado? ¿No éramos supremacistas? 

 

¿Tengo que dialogar con millones de bacterias?... 

​

¿Qué es esto?... 

 

Y además es un diálogo en el que el sapiens se ha de “someter”, si no quiere verse perturbado, alterado, enfermado. 

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No es, por tanto, una relación de “te ayudo y me ayudas”. No. Es un sometimiento. 

 

Sin duda, es una forma de verlo. ¡Claro! Pero esa es la que nos muestra la Llamada Orante. Quizás para darnos cuenta, así, de cómo hemos hecho una hegemonía de nuestro ser, de nuestro estar, sin ser hegemónicos para nada. Y cómo, gracias a esa hegemonía autoproclamada, estamos generando un desequilibrio asombroso, desconocido. 

 

No hace falta que llegue un meteorito. No. Ni siquiera un temblor o un ciclón –que también están-. O un volcán, que también erupciona lava. 

 

No. Somos nosotros mismos los que, con el afán de ser intérpretes, dueños y señores, hemos dejado de ver lo que necesita aquél y lo que necesitan de mí. Hemos perdido la solidaria complicidad. 

 

Y por ello, si rescatamos esa… –digamos con mayúsculas y entre comillas- “HUMILDE POSICIÓN”, estaremos dispuestos a ver más allá de nuestro interés, más allá de nuestra comodidad, más allá de nuestra dominancia… 

 

Para ver más acá de nuestra solvencia, de nuestra libertaria posición, de sentirnos uno con todo lo viviente. 

 

Y que nuestra interdependencia sea un motivo constante que promueva ese equilibrio en movimiento que constituye sanar; que hace, de la experiencia de vivir, una fiesta, una alegre vivencia, una misteriosa complacencia. 

 

No rebajar ninguna de estas propuestas. 

 

Ser, somos Creación, Universo y Vida. Y en nuestro vivir misterioso, contemplamos un Misterio asombroso que nos enamora, que amamos. 

 

Sí, sí, sí.

 

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