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LEMA ORANTE

Preservar nuestra naturaleza y hacer que evolucione en el sentido de la Creación”

JLP 12042026

 

Y el dominio de los medios –medios de comunicación- se hace cada vez más importante en la inversión económica de las grandes plataformas, ya que la información no solamente actúa y llega a nivel de razón, de lógica, de entendimiento, sino que es capaz de colarse en los sentires, en las emociones.

 

No siempre, pero sí actúa en niveles de… imprevista posibilidad. Y he ahí más aún: también esos medios buscan introducirse en la espiritualidad, bien sea a través de filosofías más o menos fiables… o bien a través de la ciencia, como prototipo de verdad y de evidencia.

 

Ese acoso sistemático de los medios ante cualquier acontecimiento, sin duda dificulta enormemente la serenidad, la calma, la paciencia, la espera…

 

Y, sobre todo, dificulta e impide la evocadora actitud de pensar, sentir, imaginar…

 

Y es así que las tendencias van marcando formas de pensar, y los seres se expresan según tal tendencia, según tal visión… pero no según su propia versión; que, sin duda, es un conglomerado de educaciones, costumbres, experiencias… ¡sí!, pero tiene un hálito de originalidad.

 

Cabe suponer que la comunicación con instancias sensibles, sutiles, se hace cada vez más difícil…

 

Tan difícil, que se aplaza, se deja para otro momento, para “cuando haya… tiempo”.

 

Se almacena en el lugar de las nostalgias.

 

La Llamada Orante nos pone el aviso de esa multiplicidad de información, esa pluralidad –“pluralidad”- constante, fácil, de acceso inmediato.

 

Con lo cual, los recursos que implican insistencia, perseverancia, cálculo, minuciosidad, pulcritud… no tienen sitio.

 

Y, quizás, todo esto sea fácil de entender y de aceptar que es así. El problema –y se hace problema-… el problema es que “se da por hecho” que es así, y que no hay otro recurso, que no hay otro planteamiento, que no tenemos otros medios.

 

En cuyo caso… iremos de nuevo al baúl de las nostalgias. Y no habrá otra posibilidad.

 

¿Qué utilidad aporta… la meditación, la contemplación, la llamada orante, el Qigong…?

 

¿Cuál es el aporte para que esa tendencia universal no llegue a dinamitar nuestros núcleos de intimidad afectivos, emocionales, espirituales?

 

En principio, si adiestramos con unas directrices espirituales el movimiento de nuestro cuerpo, estaremos –al menos durante esa actividad- “a salvo de”… incidencias que modifiquen nuestras acciones.

 

En la medida en que nuestro cuerpo, como estructura física, se mueve con una intención… de ánimo, de liberación, de posicionamiento… es indudable que ello va a colaborar a nuestro pensar, sentir e imaginar.

 

Porque ese estilo de Qigong está especialmente dirigido, señalado, para que nuestro cuerpo sea el asidero y el medio en el que se sienta y se asiente nuestra espiritualidad.

 

Cuando contemplamos, nos hacemos partícipes… de todo lo que transcurre.

 

Somos capaces de situarnos en esferas y en propuestas que nos sacan de nuestras razones, de nuestras exigencias.

 

Y a la vez que contemplamos, evidentemente ¡nos estamos contemplando!...

 

Con lo cual, nos alejamos significativamente de la estructura material que labora… gana… tiene… alcanza… domina…

 

Cuando meditamos, nos decimos… hacia dónde sentimos que nos llevan; cuando meditamos, descubrimos y sentimos hacia dónde nos llevan.

 

De tal manera que nos orientan, nos referencian hacia coordenadas que habitualmente no son las cotidianas. O, si en algún momento lo son, tienen un enfoque y una perspectiva diferente.

 

Y cuando oramos, nos suspendemos en la Creación, en un lugar de universo en el que nos advierten, asesoran, avisan, visionan las situaciones, y nos orientan desde ese Misterio Creador.

 

Entonces, sí podremos decir que disponemos de recursos… –corporales, contemplativos, meditativos, orantes- para establecer al menos una estrategia que nos evite el ser consumidores y estar manipulados por el continuo acecho de lo que dicen que ocurre –que no sabremos si sucedió o no-.

 

Pero es preciso que cada faceta tenga una expresión… de realización, de testimonio.

 

Que no se quede en la especulativa versión de un discurso filosófico o metafísico, sino que todo ello modifique nuestra actitud, nuestro desarrollo, nuestra posición.

 

Nos llaman para ser el eco –¡el eco!-… de un mensaje que se propaga en nosotros y más allá de nosotros.

 

Nos llaman para confiar en la Creación.

 

Nos llaman para suspirar en nuestras creencias.

 

Nos llaman para servir en nuestras capacidades.

 

Nos llaman para ser remedios… ante las perturbaciones.

 

Nos llaman para ser ¡modelos de convivencia!, ¡de relación!

 

Nos llaman para que testimoniemos nuestro amor en nuestros haceres, en nuestras ilusiones, en nuestras fantasías, en nuestras sinceridades…

 

¡No es una llamada gratuita!... Es una llamada comprometida. Y tenemos recursos para ello, sacando la nostalgia del pozo escondido… y poniéndola en el presente y futuro ¡encendido!

 

¡Sin miedo!

 

Y en ese sentirse llamado en base a nuestros dones, ¡no podemos hacer oídos sordos!... Más bien, expresiones… esperanzadoras; motivaciones evolutivas.

 

Ser, con nuestro testimonio, modelos de referencia; y a su vez aceptar otros modelos de referencia.

 

Como escuchábamos al principio, estas llamadas se aplazan, se dejan para luego, se almacenan en ese baúl de las nostalgias…; se hacen lamentos.

 

Pero, como hemos escuchado, el ejercicio de acciones para preservar nuestra naturaleza y hacer que evolucione en el sentido de la Creación, dado el caso de la insidiosa presencia de medios que inciden directamente sobre nuestras capacidades, no podemos dejarlo “para luego”. No podemos dejarlo “para más tarde”.

 

“Hoy puede ser un gran día” –como decía la canción-. Puede. Hoy puede ser un día especial. Puede.

 

De hecho, hoy… es un día nuevo, diferente, porque hemos ama-necido por el Amor de la Creación. Ya con eso, cualquier día es especial, distinto, diferente. Pero ciertamente necesitamos, por nuestra “indolencia”, marcar –por nuestra indolencia, necesitamos marcar- un momento concreto que nos empuje, que nos defina…; que nos haga sentirnos en una actitud ejemplar.

 

Sí. Hoy puede ser un… gran día, y podemos rememorarlo al final de la jornada.

 

Y podemos descubrirnos, en el transcurso de la misma, ejercitándonos en este mensaje del Misterio Creador.

 

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