LEMA ORANTE
“Somos liberados aconteceres de la Creación”
JLP 21062026
Cada transcurso vemos con mayor claridad… que la evolución convivencial de la especie, consigo misma y con sus entornos, se nos muestra en el sentido dual: los ganadores y perdedores, los ricos y los pobres, los cultos y los incultos… y ese largo etcétera de situarse en un bando o en otro por imperativos del poder global; que, obviamente, en ese pensar dual, el sujeto agota sus posibilidades cognitivas de la variabilidad, de las posibilitancias del pensar, del sentir, del buscar.
El poder establecido en todos los niveles lo reduce a favor de la permanencia en el poder, o a favor de la exclusión: ese “sí” o “no”.
La intermediación desaparece, igual que desaparecen los diplomáticos y se sustituyen por técnicos y por ‘dedismos’; es decir: designar a éste o a aquél porque creo que sabrá hacer aquello. Amiguismos, familiaridades…
Y lo llamado “sagrado”, lo llamado “espiritual”, debería estar por encima de esas dualidades y disolverlas para entrar en las diversidades, que es en las que estamos y en las que se presenta la Creación: en la diversificación, no en la sectorización de “sí”, “no”, “blanco”, “negro”. Pues bien, esa espiritualidad, esa sagrada posición podía servir de referencia, y en otro tiempo no es que lo fuera, pero parecía como un refugio, y las religiones ocupaban papeles relevantes, no asépticos, pero sí “tendentes” –tendentes- a los necesitados, a los marginados.
Pero como ya anunciaba el Deuteronomio en la Torá: “los pobres siempre existirán”. Pareciera una maldición. O no; una necesidad. Porque, a no transcurrir demasiado tiempo, con total claridad –por si antes no estaba claro, aunque lo estaba-, los tendentes espirituales claramente se definen y se inclinan hacia la riqueza, hacia el poder, hacia el dominio.
Sí, sí. Puede haber –y hay- ejemplos de personas que se dedican “a”. ¡Claro!, ¡claro que sí! Pero estamos hablando de la tendencia de especie y de humanidad, que va perdiendo sus tributos de diversificación y va acercándose a la terrible decisión de quedarse atrapada en un “sí” o en un “no”.
La diversificación no es tibieza. No se trata de llenar pequeños espacios entre el sí y el no. “Sí, tal vez…”. “No, pero a lo mejor…”. No. Es abrirse liberadoramente a las opciones y las necesidades que nos planteemos según nuestros recursos, capacidades, descubrimientos, proyectos, ideas…; que no tengan la obligada clasificación de “buenos” o “malos”.
Pero, ciertamente, no resulta… no ya digamos “fácil”, sino que no resulta ser una opción que entusiasme, que revele lo que es evidente: esa diversificación. No. Porque, primero, el menosprecio personal cognitivo de sentirse inferior, perdedor, sin capacidad, pobre… ya como marcado. Y los otros, por sentirse venturosos, clamorosos, expectantes, bellos, ganadores, dominadores…; con derechos a esclavizar y a dominar, puesto que el capital, la economía, esa pesadumbre que se inició con la propiedad privada, es capaz de… –como así es- de claramente corregir cualquier tendencia, ya que ésta exige una economía, una posibilidad de recursos, unas reservas.
Y es así como las variables que se puedan gestionar requieren un esfuerzo, una dedicación, una intención, unas necesidades vitales, anímicas… que no estén sujetas a una economía de mercado, de necesidades, de imposiciones, de propaganda.
La Llamada Orante nos sitúa en esa posición de seres creados, habitantes de una Creación, que se mueven en un universo infinito, que se expresan en forma de vida, y por habitar en la eternidad se hacen inmortales.
Despertarse a la consciencia de los recursos con los que hemos sido dotados, y las casualidades que nos han acompañado a lo largo de nuestro transcurrir, que nos han dado diferentes matices de lo que somos capaces, de los medios de que disponemos, de las posibilidades que albergamos.
El menosprecio de la pobreza en sí misma… autoriza su esclavitud. Y reconoce al poderoso y al dominador como un elegido, como un ganador. Y lo contempla como su protector, del que emana la posibilidad de su trabajo, de su salud, de su familia, de sus acciones…
La Llamada Orante nos llama a ocuparnos de esa vida en la Creación, en la creatividad, en la diversificación…
En ese arte de vivir que aprecia la bondad, que se realiza en el servicio y que se enamora del vivir.
Y con esas premisas se ejercita, se transcurre. Y los recursos y los medios afloran, llegan… “en su justa medida”.
Y esa “justa medida” nos da la cobertura de poder transcurrir en este reino dual.
Y aunque nos signifiquemos por nuestra indiferencia ante los extremos, nunca nos considerarán enemigos, puesto que no lo somos.
No somos pobres, porque estamos vivos, ni aspiramos a la riqueza, porque ésta nos corrompe.
Somos liberados aconteceres de la Creación.
“Liberados aconteceres de la Creación”.
Ejercitarnos en estas orientaciones orantes nos permite testimoniar y mostrar al entorno otras perspectivas, diferentes opciones, otras posibilidades.
Asumir las responsabilidades de nuestra naturaleza –en el sentido más genérico y abstracto a la vez-, de nuestra procedencia misteriosa, nos debe dar –porque lo da- la fuerza, la convicción y la certeza de que, lo que nos corresponde, lo que nos toca, lo que nos llega, lo que descubrimos, lo que misteriosamente aparece…, tenemos la capacidad, los medios, para dar una respuesta, una visión, una imagen que ilumine lo que transmitimos, que les dé luz a esas letras y palabras, como si estuviéramos en un lugar oscuro y, por esa convicción y ese inmiscuirse en lo que somos, aparecieran las palabras escritas con luz.
El menosprecio por la comparación, por el compararse con otros, es un acto de soberbia, de vanidad y de rabia, por considerarse lo que “se piensa” que cada uno es.
Y pareciera que es un acto de generar pena, lástima… y que precisa ayuda y auxilio.
¡De ello se apodera el poder! Eso lo usa la riqueza para dar sus migajas a la pobreza…
Y lo convierte en benefactor, en limosnero…
Y así, en consecuencia, cada uno, en el transcurrir de hoy, tiene dentro ese rico y ese pobre. Pero tiene que desprenderse de ello, porque no es ni rico ni pobre. Es Creación.
¡No está sujeto a una cantidad, a un ingreso!
Aunque luego, en la práctica –por supuesto-, tenemos que entrar en un tipo de economía. ¡Claro!: saber integrarse sin perder la naturaleza.
Pero desechar de nuestra consciencia esos signos de incapacidad, de imposibilidad, de negación… Todo eso es parte del condicionante y el acondicionamiento del poder y la riqueza, para someternos y esclavizarnos.
Sin prisas –la vida no tiene prisa-… nos alumbramos en cada instante con la sorpresa de un sentir, de una emoción, de un descubrir. Pero para ello tenemos que vaciarnos, tenemos que soltarnos las amarras de la permanente preocupación, del constante miedo, de la alarma encendida.
Sí, atención; sí, alertas.
Pero sabemos que veletas somos en la Creación, y vendrán aires de una forma o de otra, que deberemos recogerlos siempre con el respeto, la creencia, la fe y la bondad, para interactuar con esos aconteceres, con la constante esperanza de que si han aparecido es porque eran necesarios, y si me han ocurrido es porque era preciso que respondiera, que tomara una actitud, que decidiera.
Bajo esa convicción –aunque parezca una exageración-, ocurra lo que ocurra, será parte de ese Misterio Creador y será necesario para ese transcurrir, aunque al principio o a la mitad o… no se vea.
Orantemente, habría que admitir que no se ven muchas cosas porque no se quieren ver. Porque se está en el querer: “quiero esto”, “quiero aquello”, “quiero lo otro”. No se está en el amar, que es el dar sin condicionar.
Llegan, suenan los momentos en los que nos descubrimos como intermediarios, como “portadores de”.
La Llamada Orante se hace, en consecuencia, la referencia en la que bebemos para recordar, descubrir, aprender sobre nuestra naturaleza.
Es el legado que el Misterio Creador deja a las criaturas…
Pero es un legado que debe identificarse como algo que siempre evoca interpretaciones diferentes, novedosas, a veces distintas.
Que emula en alguna medida lo que puede ser la Creación. Lo que es.
Y si recordamos que somos Creación y por tanto creadores, somos de la naturaleza misteriosa del Misterio Creador, y abandonamos la cúspide de… el poderoso, lo poderoso y el resto, para situarnos en un contexto de misterio expandido, expansor, seremos auténticos protagonistas, sin reclamar potencia y poder, pero sí evidenciando que somos Creación.
Y es ahí cuando estaremos dando el testimonio de esa intermediación que disuelva ese “sí” y ese “no”, para convertirnos en trayectorias fluidas que, como la mar, el mar, se mueve imprevisiblemente, para darnos la constante sorpresa… de la Eternidad.
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