*LEMA ORANTE:
"Debemos permanecer en la fe de nuestras presencias"
JLP 19072026*
Pareciera que el sentido evolutivo del pensar, el hacer, el organizar, el desarrollar, hubiera llegado a un límite… y, a partir de ahí, la única ocurrencia es el retroceso, y volver a antiguas fórmulas ya conocidas, superadas –sic, “superadas”- que se pensaba o se creía que ya estaban obsoletas.
Y son los casos así, abruptos, sociales, políticos y económicos más llamativos, los que nos muestran que vamos con la idea de… el castigo, el dominio, la venganza, la ganancia…
Todo aquello que se suponía superado por la flexibilidad, la “judicialidad” –el sano juicio-, las leyes, la convivencia en general y –entre comillas- las “libertades”, se nos muestra ahora como algo que no sabe, que no es capaz.
La rebelión de lo mediocre, de lo vulgar, de lo poderoso, regido por la violencia, la amenaza y el aviso constante del miedo, se va haciendo eco paulatinamente en la comunidad humana.
Y el triunfo de la prostitución, de las drogas de diseño, de la corrupción, como señas de identidad, se apodera cada vez más de la consciencia de lo cotidiano.
El simple detalle –y hay que anotarlo- de la demanda… –porque si no hubiera esa demanda, la oferta no triunfaría- de la demanda de las diferentes drogas de diseño: calificadas simplemente como “movimientos de evasión” –algo para evadirse, teóricamente, momentáneamente-.
El volumen de consumo y, en consecuencia, el volumen de producción es ¡enorme! Y quienes comandan todo ello se arman, se organizan, se colman de economía y llegan a ser “una alternativa” a las demandas sociales que en teoría se corresponden con un Estado de Derecho.
Pero la tendencia de la población es consumir.
Y eso se gesta en la primaria, en la secundaria, en la familia, en el trabajo…; en la convivencia.
Las consecuencias no son solamente ya de carácter económico, político, de poder… Por supuesto que todo eso está ahí, hasta el punto de que los mismos belgas dijeron que estaban a punto de ser un narcoestado, por el trajín de drogas que pasan a Europa por su puerto. Todo ello es grave, sí. Pero “lo peor” –entre comillas, sin pretender judicializar ni condenar-, lo peor es que ese habituado consumo genera una cotidiana actitud, un lenguaje, un tipo de convivencia, un tipo de sexualidad, un tipo de alimentación, un tipo de vestimenta, un tipo de ambición.
Y la capacidad cognitiva que el sujeto podría tener o podría llegar a tener se ve frenada, bloqueada… y a expensas de una dependencia que obviamente supone un consumo y una demanda paulatinamente creciente.
Y aquí vienen… –a continuación, claro está, para completar la idea de retroceso- vienen “los salvadores”; los salvadores de sociedades, culturas, religiones, estados… con la solución de mayor violencia, mayor castigo, mayor persecución.
Un relativamente reciente dictador filipino –ahora se le está intentando juzgar- fue una de las alarmas principales de gobiernos que decidió luchar a golpe de castigo contra las drogas. Fue terrible.
Evidentemente no solucionó los problemas. Aumentó la mortalidad, los juicios amañados, los aparentes estados de calma, de seguridad…; llenó cárceles y torturó y castigó a diestro y siniestro.
Esa es quizás la referencia por donde empezó la “solución” a esa tendencia evasiva de la especie, que surge como producto de una represión –mantenida, sostenida, entretenida-… de inoperantes dirigentes, con aparentes libertades.
La propia especie humanidad puede decir: “nuestra especie se nos va de las manos”.
Y ciertamente se multiplican los reclamos de volver a estructuras… con apariencia de democráticas, claro, pero a estructuras feudales –así de lejos nos vamos- de personalismos, de dogmatismos...
La Llamada Orante nos sitúa en el entorno en el que hoy se mueven nuestras circunstancias… y nos hacen parecer lo blanco, negro, y lo negro, blanco. Y con facilidad nos entusiasman y nos llevan a la derrota.
El sentirse habitante de la Creación en un lugar llamado “Universo”, y residente en un planeta llamado “Planeta Guerra”, nos debe advertir a propósito de estas circunstancias, para no caer en los discursos incendiarios de unos y otros –unos por incapacidad o inutilidad y otros por egoísmo y soberbia- que nos prometen y nos someten a una dominancia de leyes, costumbres y normas que sin duda disuelven las pocas libertades que había.
Se pone paulatinamente cada vez más clara la actitud del combate y la guerra ante cualquier situación, como única arma para solventar dificultades, inconvenientes…
Y a ello se alían los poderes para ejercitar sus maniobras. Maniobras que, por proceder del Estado –de los Estados- nos parecen normales; como, por ejemplo, recoger a los emigrantes ilegales y mandarlos a un tercer país, no precisamente a una residencia. Y aunque eso ha fracasado de momento –“de momento”-, está en la agenda como “la mejor forma”.
Es evidente que es un mecanismo de castigo, de grilletes, ¿no? No se les envía a sus países, no, no; a un tercer país, que se presta a ello en base a recibir dinero.
Como pasó con Uganda y… fracasó de momento. Será cuestión de aumentar la cuota y construir en esos países residencias temporales para luego, desde allí, devolverlos a sus países. ¿No les suena un poco a una trata de esclavos versión moderna?
Pero pasa a ser normal, es decir, está aprobado, es la ley. No hay ninguna respuesta social, parlamentaria, partidista, sindicalista… No. No están. No están para eso.
Los sentidos empiezan a parpadear como carentes de energía; los sentidos. Y el sentido no tiene fuerza para comenzar.
Los anuncios estudiantiles universitarios nos anuncian –aunque sea redundante lo anunciado, pero es que es tremendo- cuáles son las carreras o los estudios más rentables. Razón por la cual es obvio que la vocación está un poco en carencia.
Siempre habrá –claro, sí-, pero… de ser vocacional a ser rentabilizadora la tendencia del sentido, hay una gran diferencia.
No existe fórmula de combate para ir “en contra de”, porque la solución no es ir en contra, sino que es gestar o gestarse en la idea de ese ser creado que permanece en el universo y que reside entre la guerra.
La creatividad que seamos capaces de desarrollar, la universalidad con la que podamos mostrar nuestros dones, y la convivencia amable, clara y evolutiva hacia alianzas, hacia grupos, hacia actividades que aporten, que apoyen el sentido libertario del ser. Que se geste el ansia de esa Revolución del Espíritu.
Y que, sin renunciar a los niveles, a los logros, a los recursos que se han ido gestando en la especie, no ser ni esclavos de ellos, ni propagadores de ellos, pero sí convivir con ellos.
La Llamada Orante nos incita a ser integradores de evoluciones.
La Llamada Orante nos promueve hacia un constante y continuado motivo de innovación en el cada día del cada hacer de cada demanda.
No podemos quedarnos a la espera, aunque sepamos esperar… y esa espera nos dé la esperanza. Pero tenemos que ser activos en nuestras capacidades. Tomar las decisiones que realmente sintamos como imprescindibles, necesarias, que colaboren decididamente en aminorar, al menos, el sufrimiento.
Sí debemos permanecer –nos insiste la Llamada Orante- en la fe de nuestras presencias. El Misterio Creador decidió nuestra estancia, y nos acompaña y nos corteja, nos cuida. Y somos ello también. No somos materia ajena.
De ahí que tengamos, en base a esa fe, una constancia y una perseverancia en nuestros proyectos, en nuestras ideas… y no seamos pasto fácil del recurso inmediato del bienestar –de ese bienestar que se habla-; del confort.
Tenemos que estar en un bienestar de bondad, de generosidad, de disposición al servicio y a la entrega.
La oración se hace faro, guía y orientación. Y, en su escucha, nos descubrimos en nuestros recursos, nos advertimos en nuestras carencias y nos proyectamos hacia nuestra perfección…; hacia esa posición en la que nos sintamos identificados, cualificados, amparados.
Y quizás, por ello, sensibilizados, alertados y despiertos, para mantener el fuego vital de la fe de nuestros ideales y nuestras convicciones.
La Piedad nos da –nunca mejor dicho- el pie para darnos a nuestras vocaciones, en base a la fe, en base a las esperanzas y los ideales que nos promueven.
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