top of page

*

LEMA ORANTE

“Dispuestos y disponibles”

JLP 06092026*

 

Y ocurre que, salvo en las catástrofes o en las grandes celebraciones –en extremos- solo se da en esas ocasiones la identidad de la especie.

 

Y se da un salto en la consciencia y en el comportarse… para salvaguardar el desarrollo, la identidad y la vida. Bien sea en la gran celebración o en el gran desastre.

 

Pero cuando estos dos extremos desaparecen, el ser se muestra como el gran enemigo del ser. Se desarrolla en corpúsculos o –cada vez más- en “individuos”.

 

Y ve, percibe, bajo ese desarrollo, que su principal adversario es otro ser humano. Adversario en lo económico, en lo político, en lo social, en lo religioso, en lo afectivo, en lo circunstancial…

 

A diferencia de otras especies vivas, en las que se conserva la identidad del grupo… –y luego sí, hay sus individualidades, pero que coexisten con el grupo-, en la humanidad se desarrolla preferentemente –y en ese trance estamos- la individualidad como prioridad de grupo, de grupos.

 

Y cada ser de humanidad se proyecta en el dominio, en el control, en el manejo, en la influencia que pueda desarrollar sobre otros humanos.

 

Esto hace la famosa frase de que “el hombre es un lobo para el hombre”.

 

Cincuenta y seis guerras declaradas, dos mil trescientos millones de seres en inseguridad alimentaria, brechas de género insondables, deterioro del ambiente… un sinfín de distopías que no favorecen ni a la comunidad humana ni a la comunidad viva.

 

Y aunque representa apenas un 0,2, o menos, de la biomasa del planeta, es suficientemente influyente como para gestar –como así ocurre en la actualidad- la mayor devastación biológica en los mares, en las tierras y en todos los reinos vivientes.

 

Pero, sobre todo, en la competencia-competitividad sobre su propia estirpe, su propia especie. Y aún más: la competencia sobre sí mismo.

 

En algún momento empieza a ser su principal enemigo él mismo: por su alimento, por sus pensamientos, por sus acciones, por su etiología, por su tipología, por su filosofía, por sus creencias… Es como si hubiera un rechazo hacia su naturaleza, que luego se va a especificar en aspectos, de tal forma que aparece otra frase: “no hay peor enemigo que uno mismo”; hasta el punto de llegar a la autolisis –mecanismo que va en aumento de forma… digamos que preocupante-.

 

No sabemos por qué esa tendencia en la que transcurre ahora la humanidad.

 

Cuando vemos las intimidades de su conformación, como por ejemplo el genoma, descubrimos que el parecido… –bueno, más que parecido- entre un genoma de una persona y otra es prácticamente casi igual.

 

Hay pequeñas diferencias, pero esas pequeñas diferencias llegan a convertirse en diferencias abismales, capaces de producir genocidios, persecuciones y cualquier barbaridad inimaginable.

 

Barbaries todas ellas muy documentadas, que no se prestan a opiniones de que si fue o no fue. No.

 

Y no es lo mismo que seas un serbio, que un serbio-bosnio, que un croata. No. Depende de dónde estés, serás perseguido, torturado y eliminado –por ejemplo: esa guerra de los Balcanes que está tan cerca y tan próxima en el tiempo, por no irnos a otras que pueden admitir discusiones-.

 

Y claro, pareciera preguntarse… bueno, y es lícito hacerlo: “Si tienen un genoma tan, tan, tan igual, ¿cómo es que se llevan tan, tan, tan mal?”.

 

Debe de haber otras instancias –¿verdad?-, como las nuevas teorías que advierten que el genoma tan solo es un instrumento, una herramienta; que quien decide es la célula en sí. Y toda la concepción actual ha confundido la herramienta con quien maneja las herramientas.

 

No sabemos.

 

Pero, sin ánimo de postular cuál es la mejor opción, sí es cierto que el ser tiene una capacidad de bondad hacia sí mismo, hacia los adeptos a sí mismo, hacia sus intereses… Pero es una bondad restrictiva, cierto.

 

Pero está.

 

Por otro lado, todo parece indicar –a la hora de ver las herramientas de nuestra conformación- que no existe ninguna estructura que justifique, por combinaciones de genes, que el sujeto sea violento, ufano, gallardo, hedonista… “Líder”.

 

Al menos no se conoce.

 

Pero lo cierto es que, socialmente, la humanidad transcurre hacia la preparación del individuo para que sea líder, para que sea fuerte, para que sea competente, para que sea ganador, para que triunfe, para que sea seguro…

 

Como si naciera en una guerra.

 

Y según se mire eso es cierto –según se mire-. Y casi podría decirse que, generación tras generación, se ha ido construyendo una urdimbre de guerra latente, en la que cada nuevo individuo es educado, culturalizado y guiado para defenderse, para ser competente, para ser ganador, para ser productivista.

 

Así que no está muy lejos la idea que proponíamos de definir el planeta como “el planeta guerra”, y sus habitantes humanos como “guerreros”. Simplemente basados en evidencias. Sin catalogar si son buenas o malas. Ahí empiezan precisamente los problemas.

 

¿Se fijan? De todas las guerras que hay, hay una nueva que se está gestando; que si se la mira despacio, es violenta, muy violenta.

 

Todos somos emigrantes.

 

Voilà! Unos más emigrantes que otros, depende.

 

En África se está librando una guerra fratricida en diferentes países, contra los que buscan auxilio en el país cercano, “porque es emigrante”.

 

En Europa, bueno, ¿qué vamos a decir? La cuna del colonialismo, neocolonialismo… La declaración de guerra hacia el que no sea de aquí es total. Aunque hay pequeños rasgos de cuido. ¡Pequeños!, pero los hay.

 

Esa guerra –nueva guerra-, que no está declarada como tal, ya es… tan sólo dirigida a dónde nací, de dónde procedo, a cuál es mi lengua, a cuál es mi credo.

 

Esa “nueva” –entre comillas- guerra… conduce –no hay que ser muy clarividente- conduce al holocausto de quien declara la guerra.

 

La Llamada Orante nos vuelve a recordar que somos seres “necesitados”. Que precisamos de una interpendencia con el medio y con nuestra propia especie… no solamente ya para sobrevivir, supervivir, sino para dar un nuevo sentido a nuestra presencia.

 

Y ese nuevo sentido nos permita disolver la dualidad; buscar y adherirse a la unicidad; no dar a cauce al poder, que implica violencia y corrupción; y esa creencia en sí mismo como ser de solidaria presencia, de respetuosa convivencia, de animosa conjunción… que, a poco que se advierta, es capaz, en comunión, de gestar cualquier posibilidad.

 

La Llamada Orante nos llama a hacernos eco de respuestas individuales que se agrupen con otras semejantes hacia la búsqueda de nuestra naturaleza, que no es el combate y la destrucción… aunque éste se justifique, se razone, se explique.

 

Igualmente se puede explicar, razonar, que no se llegue a esa posición.

 

Las estructuras vigentes actuales que “manejan” las tendencias de la especie no son partidarias de una evolución solidaria. Son generadoras de líderes, de competencias, de ganadores, y de secuelas de perdedores, esclavos.

 

Y promocionan el desarrollo del individuo como ser excepcional, único, prioritario, sobre los demás.

 

Debemos asumir, bajo el Sentido Orante, estos aconteceres. Y no se trata de luchar contra ellos.

 

Pertenecen a nuestra naturaleza. Se trata de desarrollar otras tendencias: esas tendencias de comunión, de compartir, de servir, de utilización según recursos, de compartir según necesidades, de disponibilidad según llamados.

 

Disponemos de capacidades para desarrollarnos en esos sentidos. Ahora bien, en el momento en que nos presentamos con ellas como confrontación hacia lo que hoy predomina, habremos iniciado una nueva guerra. Y la habremos perdido, claro.

 

En un combate hay siempre un perdedor. Y mientras el triunfador lo celebra, el perdedor alberga el recurso, el odio y la venganza. Pronto habrá otra nueva contienda.

 

“Dispuestos y disponibles” nos sugiere la Llamada Orante, para apostar en la valentía de lo solidario, del disponible servidor, hacia necesidades del instinto sanador de nuestras capacidades.

 

Puede parecer misión imposible. Y puede parecer que hay que realizarlo solo, en un gueto, que en definitiva va a ser un gueto especial, distinto y curioso, porque no va a ser mayoritario –al menos en principio-.

 

Sería un error aislarse. Y para ello, el ser disponible, servidor, solidario, comunitario, debe ejercer sus capacidades artísticas. Así nos reclama la Llamada Orante. Sí. Ese arte que nos permite no hacernos sectores, no hacernos fracciones; estar en lo que ocurre, en lo que transcurre.

 

No se trata de involucionar hacia otras épocas; sería un gravísimo error, porque nuestros sensores ya no están ni estarán preparados para la vuelta atrás, sino que siempre están diseñados para la marcha hacia adelante.

 

Inmersos en lo que transcurre, nos disponemos a ejercer en Bondad, en Piedad, en Misericordia, aunque nos señalen, aunque nos critiquen.

 

Claro, no es un transcurso afable, por supuesto que no. No es seguro, no es ganancial, no llegará a ser rico, no dominará, no controlará… Pero la sutil estrategia del arte hará que permanezca, hará que permanezcamos. Y basta para justificarlo el darnos cuenta de… sin saber lo que es la vida y su biodiversidad, ¿estaría muy alejado el decir que es una gran obra de arte? Sin ansias de buscar artistas o al artista, no. Los pétalos de una orquídea tienen suficiente capacidad para enamorar a nuestra belleza.

 

Luego ese llamado “arte” es la impresión que en nosotros produce simplemente el contemplar en dónde estamos, en apercibirnos de la magia de lo que transcurre, desde que inspiramos o masticamos o dormimos o hablamos. Sí. Podemos explicarlo. Pero hay un aliento que posibilita todo ello. Mágico. Artístico.

 

Sin duda, estas coordenadas que nos plantea la Llamada Orante resultan poco rentables, inseguras, débiles.

 

Sí. Pero cuando nuestras bondades, nuestras disposiciones, nuestros servicios, se hacen arte, se visualizan como mágicos. Nos enamoramos del vivir. Y ahí no entra lo duro, lo rentable.

 

Cuando el amor se hace prominente, no hay ninguna razón, explicación o renta o beneficio suficientemente tentador como para anularlo. Y él –amor- no necesita enfrentarse.

 

Se abre paso por su misteriosa naturaleza.

 

+ + +

bottom of page