top of page

LEMA ORANTE

Cada ser que permanece en vida tiene un compromiso con la vida"

JLP 28062026

 

Cada ser que permanece en vida debe asumir, como parte intrínseca del misterio… –misterio de vivir-, que tiene un compromiso con –de nuevo- con esa palabra: “vida”. 

 

Que indudablemente puede secuestrarse y autocontemplarse y autoproclamarse y… todo auto-máticamente hacia adentro, egolátrica y ‘sectarialmente’. 

 

Sí. Puede hacerlo. Mas eso supone un esfuerzo continuo y permanente que no se corresponde con su naturaleza, y además implica aislamiento, combate, prejuicio, poder… 

 

Si, por el contrario, el ser asume –por el hecho de vivir- que tiene una responsabilidad en la vida… –así, en términos misteriosos, sí-. 

 

Quien más o quien menos se ha preguntado alguna vez: “Bueno, ¿cuál es mi destino? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿A qué me puedo dedicar?”, y esas preguntas así, que vienen y van, y rara vez se contestan. 

 

Y se contestan rara vez porque el ser no ha tomado total consciencia de lo que implica “vivir”. 

 

Y lo vivo testimonia, y lo vivo afirma, y lo vivo convive. 

 

Y lo vivo busca, lo vivo encuentra, lo vivo aprende, lo vivo sirve, lo vivo recibe, lo vivo da, lo vivo se dispone, lo vivo se hace imprevisto, lo vivo se hace disponible. 

 

Lo vivo se hace poesía, lo vivo se hace fantasía, lo vivo se hace arte… en el andar, en el vestir, en el hablar…

 

¿O hay que esperar a una fiesta para ponerse elegante o hacer unas bellas palabras? 

 

El testimonio de vivir, sin duda, es misterioso. Pero el orante –y así nos lo indica la Llamada Orante- debe concienciarse de que, por el hecho de estar vivo, aquí, presente, es una pieza pequeña, mediana, grande…; puede considerarse lo que quiera, pero es una pieza que influye, que actúa, que recibe, que no es indiferente: que cualquier acción va a repercutir en todo lo viviente. 

 

Esa responsabilidad, ese testimonio –salpicado por esas cualidades que hemos escuchado- no supone un esfuerzo; supone un mostrarse, un asombrarse de… sentirse un latido, de sentirse una respiración. 

 

Sí. Cierto es que el dolor, la contrariedad, la pena, la rabia –y otros-… son elementos que reclaman respuesta. 

 

Sí; mas, a poco, poco, poco, poco que nos demos cuenta, esos aconteceres llamados –mal llamados- “personales”, están vinculados con todo, con ese misterio llamado “vida”. 

 

Y si pretendemos resolver nuestra contrariedad, nuestra incomodidad, nuestro dolor, nuestra pena, nuestra rabia, nuestro rencor… –bueno, todas esas características que implica el modelo habitual de la vida-, y pretendemos resolverlo “personalmente”, dejaremos de tomar consciencia de vida, para tomar conciencia de mí. 

 

El “no soy de mí” pierde el sentido, y entra el “soy yo” y “yo”. 

 

En ese secuestro –fijarse bien-, en ese secuestro que el ser hace en vida, de las muy diferentes vicisitudes por las que pasa, desconecta, se desconecta de la responsabilidad vital, de su participación vital en el fenómeno de la vida. 

 

Sin duda –sin duda-, cada ser va a tener una respuesta mal llamada “personal”, pero producto…; sí, mal llamada “personal”, porque es una respuesta que es la consecuencia de una educación, de una cultura, de una religión… O sea, no es una respuesta autóctona, aislada, personal.

 

La Llamada Orante trata de hacernos conscientes de nuestro compromiso como vida, en la vida. Y para ello no nos vale nuestro secuestro vital. Porque ese secuestro vital que el ser se hace por su personalismo y su egocentrismo, perjudica seriamente ¡a los demás!

 

A los demás es “a todos”. 

 

¿Han visto el típico ejemplo de una manzana estropeada, rodeada de manzanas saludables? ¿Cuál es la resultante? 

Pues esto es igual. Sin duda, en todas las contingencias que diariamente sabemos, conocemos, nos dan a conocer, nos muestran, leemos, en una especie de más de 8 mil y largos millones de habitantes, sin duda, lo que ocurre en las montañas del Himalaya, a los seres que allí habitan o a los que habitan en las costas africanas o en Siberia… pareciera que son lugares remotos y que, bueno, “no va conmigo”, como decía la frase norteamericana: “It's not my problem” –eso no es mi problema-. 

 

En cuanto decimos “eso no es mi problema”, nos secuestramos y producimos un grave –grave, sí- daño al resto de la vida; del misterio de la vida. 

 

Y ahí van incluidos delfines, elefantes, escorpiones, pájaros… Somos una unidad, y cada componente de la unidad, especialmente lo humano, debe asumir su posición, en base a descubrir sus dotes, sus tendencias, sus gustos, sus atracciones, sus fantasías, sus ilusiones… 

 

Y en la medida en que se hace a todo ello, sin duda –sin duda-, colabora a la vida. 

Y en la medida en que no, en que se hace huraño, tacaño, perturba, daña la vida. 

Quizás él no se dé cuenta. Quizás. Pero a poco, a poco, a poco que se advierta, por lo menos los vivientes cercanos sí se ven… se ven afectados. 

 

Nuestras miras se hacen demasiado pequeñas, y lo concentramos a nuestro núcleo de inmediata influencia. Pero no. No. Es un error. Un error de percepción, de dimensiones, de proporciones. Un error grave. Sí, porque a poco, a poco, a poco, a poco que se amplifique la consciencia y se abandone un poco el hedonismo ególatra, nos daremos cuenta de que nuestras acciones, actitudes, pensamientos, palabras, influyen en todo. 

 

No llegamos a alcanzar a “en qué medida” nuestro comportamiento incide en los habitantes de Siberia. No.

 

Seguramente no. 

 

Pero al ser una unidad, la vida, un acontecimiento insólito en la Creación, y hasta dentro de lo poco que sabemos, dentro de nuestra suprema ignorancia, vida es sinónimo de Creación, y como tal es un Misterio. 

 

Y el hecho de participar de ese acontecer… de vivir, ya nos debe dar la fantástica –sí, fantástica- sorpresa de: “¿Por qué yo…? ¿Por qué yo aquí… producto de un Misterio Creador?”.

 

Y al percibirme y notarme... y hablarme y hablar… y mirar y oír, no puedo por menos que “a-som-brar-me”. 

 

El asombro por ¡vivir!, por sentirme vivo, es una obra de arte. 

 

¡Sí! Una obra de arte, a poco que conozcamos –lo poco que conocemos- de nuestra conformación, de nuestra configuración, de nuestra puesta en marcha. 

 

Imaginemos por un momento –por un momento, ¿eh?- que somos “algo” –algo, simplemente algo-. Y descubrimos y se nos presenta, así, entero, un ser humano. 

 

Y desde nuestro “algo”, lo vemos: cómo se mueve, cómo actúa, cómo come, cómo duerme, cómo salta, cómo ríe, cómo llora… 

 

¿No llamaría mucho la atención, a ese algo, esa criatura llamada “humana”? 

 

A “el algo”, ¿no le sorprendería de manera increíble el que pueda existir una criatura con esas características? Oye, ve, saborea, tacta, sueña, imagina, fantasea… “hace”.

 

Pues bien, si hemos conseguido por un instante ser ese algo, nos hemos visto reflejados en nosotros, en nosotros mismos. Y entonces, antes de tirarnos a la basura, y antes de flagelarnos, antes de culparnos, antes de culpar a los demás, antes de la queja, antes de la rabia, antes de la violencia, antes del rencor, antes de la ¡mentira!, antes del ocultamiento, pues podríamos hacer otras cosas, ¿no? 

 

Podríamos ser di-diferentes, di-di-diferentes, di-di-diferentes. 

 

¡Quizá no nos hemos dado cuenta –nos dice la Llamada Orante- de quiénes somos!, como entidades que habitan, que pertenecen a la vida. ¡No nos hemos dado cuenta! 

 

Y nos hemos secuestrado en nuestro bíceps, en nuestra potencia, en nuestra ganancia, en nuestro logro… y ahí se ha agotado y ha transcurrido todo un vivir. 

 

Y seguramente –quizás “certeramente”-, si consciencia hacemos de que somos y estamos, siendo un misterio, sin duda, nuestra posición ¡protagonista!, hedonista, racista, sectaria, sedentaria y oculta… dejaría de ser el culto que habitualmente tiene el ser hacia sí mismo. 

 

Sin duda, cuando en la Alta Antigüedad se decía que “cuando el ser se sentía conturbado, acudía a su templo –o al templo-“... 

 

Y seguramente, ese hedonismo personalista se ha declarado “templo”, se ha declarado “dolmen” y “figura celestial”. 

 

Y esa es su vida, esa es su idea, esa es su… 

 

Consciencia de vivir, de sentirme unitario con todo lo viviente… es notar que cada poro de mi piel es un aliento de Universo, es ¡una esperanza que late y late!, que me llama a ser un ejercicio permanente de misterio, un servidor eterno de ¡arte!, belleza, entrega y… constante ilusión.

 

*

+++

bottom of page