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*LEMA ORANTE

Cualquier vicisitud por la que pasemos tiene su antídoto en la oración

 

JLP 18202026*
 

(En el 32º Universario de Tian)

 

Y en nuestro creer, en estos treinta y dos años transcurridos, de ritmos, esta miniatura de tiempo sin tiempo permanece, “sin duda”, por la connivencia orante. 

 

Porque nos llaman a permanecer, a estar, a continuar, a perseverar de unas formas, de otras, de otras…, unas personas, y otras, y otras, sin decaer en nuestro empeño de humanidad, a pesar de los intentos de los entornos –en diferentes momentos y épocas-, que asediaban nuestro espacio sagrado, a través de pensamientos, palabras, obras y omisiones.

 

Pero algo… –¿algo?- algo nos promovía, nos incitaba, nos llamaba a seguir. A seguir hacia senderos desconocidos. Innovar, promover, cambiar, modificar y a la vez preservar. 

 

Y estar ahí ante la llamada. 

 

Y configurarnos –sin ser ésa ninguna pretensión o sin ser una pretensión- como un pequeño faro, como una orientación que, además de conformarnos, configurarnos, se hace referencia de otros que pasan, que transcurren, que vienen, que van, que están, que se van…

 

Nuestra configuración… a nadie deja indiferente. 

 

Y, sin duda, al decir “nuestra” hablamos de la impregnación que la Llamada Orante nos ¡imprime! 

 

Y nos hace convertirnos en un proyecto sagrado, y nos despoja de la importancia personal o la idea humana de lo que se hace, y por qué se hace, y por qué no se hace… 

 

Y cada oración perfila nuestras posiciones con respecto a todo lo humano que sucede. 

 

Y así nos hacemos responsables, testimoniales y originales. Porque, ciertamente, no dependemos del modo, la moda, la tendencia o la obligación del momento… aunque lo escuchamos. 

 

No son, nuestras posiciones, de confrontación o indiferencia. Son de inspiración orante. 

 

En consecuencia, desafían la lógica, la razón, la establecida perspectiva. Un desafío que no es un pulso, no es una demostración; es una trayectoria, una posición activa, siempre alerta. 

 

Y ¡ay!... Hoy, que habitamos en un magma de inquietud, que tratan de universalizar el desespero, la rabia, la violencia, la guerra, el proteccionismo dependiente, la inseguridad continuada, la dependencia constante en base a la información de llenura, en base a la dependencia incesante, en base a usar y tirar, en base al desprecio a la incapacidad, en base a la elevación, a la heroicidad…, estamos asistiendo a una humanidad sin textura de armonía, de equilibrio, de promoción, de descubrimientos. 

 

Sin duda hay corpúsculos de búsquedas… y de conciliarse con lo que se crea de lo que es la vida, y diferentes formas de vivirla. 

 

Pero el dominio, el control y el poder es… inmenso. 

 

Y llega a todos los lugares. 

 

Y de nada sirve enfrentarse. 

 

Perder es la regla. 

 

Son variables de humanidad que ahora predominan. 

 

Y las minorías de las minorías de las minorías han de saber compartir, convivir, congeniar con esa otra humanidad castigadora, omnipresente, omnipotente… 

 

Mostrando nuestra –que no es personal, que es inspirada- humanidad, con recursos, con proyectos, con teoría... y sabiendo escuchar a la vez lo que progresa, lo que crece, lo que domina, lo que promete. 

 

No es un enemigo… 

 

Es el desarrollo de un hedonismo vanidoso, orgulloso, gestado por la inteligencia, los logros y las importancias personales. Una variable que se ha hecho mayoritaria. Pero no es un enemigo. ¡Es una humanidad!... 

 

Y si dejamos de verlo como enemigo, tendrá cada vez menos, tendrá cada vez menos, tendrá cada vez menos necesidad de atacarnos. 

 

Y buscará, bajo los criterios de su dominio, saber de nuestros criterios, por la renta que les pueda proporcionar. 

 

Así –así- es posible gestar el respeto. 

 

Y, en consecuencia, continuar con las reveladas posiciones orantes, aportando las luces en las oscuridades, sabiendo analizar los entornos oscuros, y marcando señales de claridad… que creen información, formación, opinión, generaciones de criterios. 

 

Que, sin duda, van a gestar controversias, opiniones, pero no serán enemigos. 

 

Si no hay enemigos, no hay combates.

 

Llamarnos a orar es un privilegio inesperado que nos despierta hacia posiciones que a veces pueden parecer conocidas, pero nunca son iguales. 

 

Siempre añaden el detalle, el aspecto… o los detalles o la innovación… que modifican posiciones y actitudes. 

 

Llego y sé cómo llego, porque me llaman. No sé cómo salgo. 

 

Y podríamos culminar con algo que se conoce, pero… de ahí a incorporarlo se hace lejano, muy circunstancial: 

 

Si somos producto de la Creación, que habita en un universo, y que reside en un lugar particular, y que permanentemente somos creados, cualquier vicisitud por la que pasemos que nos suponga una incomodidad, contrariedad, preocupación, angustia, temor, tiene su antídoto en la oración. 

 

¡Cuántas veces no se dice!: “Pues ante esto no sé qué hacer. Iré aquí, iré allá, preguntaré a esto o preguntaré a aquello”. 

 

¡Bien, bien, bien! ¡Está bien, está bien! Pero antes de antes de eso, te están llamando. “Te están llamando”, desde la Creación, para que tomes la consciencia de ser creado, de habitante de universos, de ser una exquisita selección de una necesidad gestada por un Misterio Creador.

 

Acude… a orar. 

 

La llamada es constante y perseverante. 

 

No exige ninguna condición. 

 

Se puede realizar en cualquier situación: autobús, metro, de pie, acostado… 

 

¿Recuerdan?: Nuestro Auxilio es el Nombre “de”.

 

¡Aaamen!

***

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