LEMA ORANTE
“La Piedad y la Bondad se hacen alianza"
JLP 07062026
La Piedad del Misterio Creador nos asiste ante el desespero. La Piedad de la vida nos corteja ante el miedo. La Piedad que emana de cada ser nos promueve hacia una relación con el entorno, favorable; una convivencia creativa.
La Bondad de la Creación nos promociona hacia el gozo. La Bondad de la vida nos acerca a la alegría. La Bondad personal hace posible la ayuda incondicional.
Y es así que la Piedad y la Bondad se hacen alianza, como unidad, con el sentido de cuido, de cuido ante el despropósito y de cuido ante el impulso gozoso.
“¡Ay! ¿Qué hacer –se dice el ser- ante tanto ruido?”.
Deja que el ruido se escuche y se vuelva sordo.
“¡Ay! ¿Qué hacer ante tanta injusticia?”.
Estate justo en tu disposición disponible y servidor, y lo injusto se desvanece.
“¡Ay! ¿Qué hacer ante tanto dolor-dolencia, sufrir-sufriente?”.
¿Es acaso tu alimento? ¿Es acaso ello tu cordura? ¿Se corresponde con tu ser?
¿Será que más bien le das el valor que dicen que tiene…? Mas si recurres a tu esencia, cualquier acontecer tendrá una respuesta solvente, competente, evidente, liberadora.
Se buscan seguridades, y éstas nos hacen temerosos. Se buscan ganancias como justicias, y éstas nos hacen débiles, incapaces.
Cuando la búsqueda es rentable, deja de ser novedosa; se vuelve competitiva, se hace poderosa, se hace competencia.
Y si llega a la opulencia, rebosa. Y si no consigue el objetivo, se destroza.
Y es así que la Llamada Orante nos conmina a una disposición indiferente, que significa ser diferente en nuestro interior, ser distinto ante la competencia de valor; saberse Misterio Creador como expresión de un misterio, con la consciencia de habitante de universo, sin la arrogancia de los derechos, con la sencillez de los deberes.
Y los amores se conviven en disputas.
Sí, se hacen y se analizan como… mareas de corrientes, olas de destrozo, calimas insoportables… Y todo ello se debe a que no se contempla el océano, no se contempla la mar, sino “las apariencias”: esas manifestaciones que nos asombran con su oleaje, su temblor, su impresión de insondable.
Pero es que así somos nosotros: un mar; un mar de minúscula proporción.
Si nos situamos en esas dimensiones, sin comparar, pero equiparar, haremos de la mar un acontecer vital, gozoso, generoso, cargado de vida, lleno de posibilidades, con las flores de sus algas, las piedras preciosas de sus corales, la insondable conexión con las grandes profundidades… allí donde no parece haber algo; en las fronteras de lo insondable.
Y así el amar se hace un permanente recreo.
Y así el amar se hace un permanente recreo, y no una constante demanda.
Recreo, me creo, sí creo… se hace creencia vital, indiscutible.
Abandona tu poder, fuerza e influencia, y déjate estar a la demanda que te implora, que te llama, que te precisa.
No seas reclamo. Déjate reclamar.
Ni defiendas ni ataques. Permanece en tu identidad, en la certeza de lo que sientes, en la fidelidad de lo que eres, en la contundencia de tu hacer.
Es fácil entrar en la vanidad, al igual que esgrimirse en la autoridad. Pero las dos, la vanidad y la autoridad, son impostoras de la vida. Han sido gestadas por el ansia de retener, retener, poseer…; más si la actitud es de transitar en una permanencia intemporal, nada faltará.
Saberse permanente, variable, disponible y dispuesto, es la mejor garantía para el entorno. En consecuencia, las respuestas de ese entorno serán las mejores propuestas para nuestra continuidad.
Escuchar es la mejor garantía de saber.
Es el eco que nos lleva al silencio.
Es el silencio que nos lleva a descubrir.
Hacer… hacer de la razón un recurso; del sentir, un fundamento; del ánima, un eterno proyecto.
A base de preocupaciones se llenan los vacíos y se precipita el ser hacia los desbordes. Y en ellos, los auténticos recursos no florecen; están ahogados. Aparecen los recursos establecidos, los que precisan de poder, de autoridad y de justicia.
Si, por el contrario, nos ocupamos cuando la necesidad lo requiera, siempre habrá suficiente vacuidad para expresar, ofrecer o darse como remedio original… sin imposición, sin obligación, sin ley.
Todo lo que te acontece es producto de la unicidad. Y consecuencia, al responder, al tomar partido y testimoniar, saber que lo que se haga repercutirá en esa totalidad, en esa unicidad.
Y así seremos testimonio de universo, universal, y apartaremos el protagonismo personal, ese que se bandea, hoy, hacia arriba; mañana, hacia abajo; pasado, se atrae; o al otro, se desprecia.
Ser como el viento que deambula invisible, pero está.
Que no choca; que rodea y sigue… Pero que todos precisamos de ello para respirar.
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