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LEMA ORANTE

La opción conversora está disponible”

JLP 18012026

Y transcurre el acontecer de la conversión. Y la Llamada Orante nos re-incide en tomarla como parámetro de intención, de atención, de realización, en base a purificar diferentes aspectos: de comportamiento, de actitudes, de decisiones, de puesta en marcha de sinceridades…

 

El momento en el transcurso es el más necesario, ya que lo que acontece se agrava y agrava por momentos… sin piedad.

 

Las imágenes de cientos de jóvenes muertos en Teherán –en Irán- y más de diez mil detenidos, ilustraban un foco más; un apunte más.

 

“En el nombre de Allah”. ¡Increíble!

 

La impresión, las impresiones que en cotidiana puntualidad se suceden, no son ajenas a nadie. Somos todos partícipes. Como unidad de vida, todo lo que ocurre en ella repercute y nos hace partícipes, de una forma o de otra, de esos aconteceres.

 

Eso ya debería ser un empuje, un signo para convertir cualquiera de las incapacidades, indolencias, comodidades y demás prejuicios, en purificantes actitudes de colaboración, servicio, innovación, aclaración.

 

A veces –y más que a veces-, surge la pregunta de que “qué más debe ocurrir” para que el cotidiano acontecer se dé por aludido y se convierta en una unidad liberadora, en una unidad de servicio, en una unidad de colaboración, en una unidad de participación… y abandone la ansiedad, la angustia, el prejuicio, la rabia, la venganza, la distorsión de lo cotidiano.

 

Y sí, podemos pensar –desde el anonimato, y amparados en ello- que cualquier pequeña cosa que podamos convertir, o en la que nos podamos convertir, no llegará, no será efectiva. Mas, en estas dimensiones orantes, sabemos que sí lo son. Que sí constituimos un universo integrado; que no hay ramas distintas a otras. Aunque haya momentos diferentes de comportamientos, todo ello está ligado. Y hoy, hoy en día, con los medios –y gracias a los medios-, podemos ver cómo todo está conectado, implicado.

 

Es preciso, en la conversión, abandonar la zona de confort establecida en el uso, consumo, comodidad, facilidad, aplazamientos… “para luego”, “más tarde”.

 

Precisamente por tener a nuestro alcance esa esfera de control, de consumo, de facilidad… nuestras responsabilidades son mayores. Nunca son responsabilidades iguales. La participación de cada ser es diferente.

 

Somos una policromía de instantes diferentes, integrados por la magia creadora.

 

Avanzar en la confianza de nuestros recursos, con la convicción de que nuestras dotaciones están diseñadas para el logro, para la resolución, para la ayuda.

 

¡Para la caridad y la piedad!...

 

Que el miedo y la prudencia exagerada no controlen, no repriman nuestra espontánea participación, nuestro aporte revelador, nuestra valentía conversora.

 

Cuando escuchamos algo –“algo”- sobre lo puro, se nos hace como difícil el asumirlo. Pareciera que es propio de una casta sacerdotal o filosófica o mística, y que lejos está de nuestras cotidianas prestaciones.

 

Mas no es así. La purificación de cualquier actitud, de cualquier acción, está a nuestro alcance. Sin duda, hay diferentes niveles y perspectivas, pero… los hay suficientes como para que cada uno tenga la referencia correspondiente.

 

Y es… –importante- y es algo que late en nuestra trayectoria, en nuestro hacer; albergamos esa necesidad.

Que ciertamente se va desvaneciendo en la medida en que no se ejercita o en la medida en que se la considera imposible.

 

No podemos renunciar a esa pureza. Es la que nos trajo. Es la que en realidad nos mantiene. Hacerla consciente y ejercitante es prioritario para que seamos unos constantes servidores del amar, del estar, del convivir, del compartir.

 

No es un especial esfuerzo. Es una especial atención.

 

Especial atención que no deja residuos. Que, por su pureza, se hace trascendente y nos da la sutileza necesaria para inspirarnos; inspirarnos continuamente.

 

La deuda de la humanidad, para con la vida, es inmensa. Pero ello no debe ser un desespero imposible, sino más bien una actitud de humildad y de decoro que nos incite a convertir pequeños detalles… hacia saldar esa deuda.

 

Si permanecemos como especie, a pesar de esa deuda inmensa con la vida, sin duda es por el potencial virtuoso que alberga nuestra existencia.

 

Siempre parece lejano el momento de comienzo de una actitud, una proposición conversora. Lo normal es el aplazamiento.

 

Pero eso no puede ser justificante. Aun en las peores condiciones, la opción conversora está disponible.

 

La intención decisiva es la que, con el soporte de la Llamada Orante, nos da el empuje hacia nuevas revelaciones de nuestro estar y hacer, que nos conducen a una claridad mayor en nuestras posiciones.

 

Con la consciencia de garantía de la Llamada Orante, nos hacemos certeros en nuestra conversión, nos hacemos creyentes de esa pureza, y nos disponemos a ser tallados… para brillar, para dar luz.

 

“Dar luz”.

 

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