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*LEMA ORANTE

Somos un cúmulo de bondades que atraviesa un momento de vanidades

JLP 01112026*

 

Nos llaman, en este tiempo, a buscar y a testimoniar la imaginación, la novedad, la fantasía, la corrección, la armonía, la amabilidad, la transparencia, la sinceridad…; la disposición a un hacer impecable, a una propuesta sin falta, sin quitar. 

 

La resta no está. Está la suma. 

 

No hay ni un solo parámetro social, de humanidad, que esté en equilibrio y en armonía. Y no puede estarlo porque hay demasiados que están en distonías, en perturbaciones.

 

El convivir se va haciendo progresivamente tóxico, cansado, ¡aburrido!, ¡triste!, desesperado… 

 

Aunque la vida –esa desconocida- empuja y nos despierta y nos alienta y nos mueve…, ese sentido de propiedad, de “mi mismidad”, de “mi opinión”, de “mi hacer”, de “a mi gusto”, está en continuo enfrentamiento. 

 

Sobra la escucha.

 

Y pareciera –esa es la conciencia que está- que la situación es así, que la evolución es ésta, que no hay otra solución, que quizás algo cambie, pero… no hay planificación que lo que lo avale. 

 

Cada cual, en su interior, espera que a otro, o a aquel otro, o a aquellos, o a los de más allá, se les ocurra, se les venga a la imaginación la solución para esto o aquello. Pero pareciera que cada uno ha mutilado su propuesta, su sugerencia, su dimensión. 

 

Y cualquier problemática parte de la idea del poder, parte de la idea de lo que manda, del que manda, del que dicta. Y la sugerencia es: “a ver si podemos mandar, dictar, ordenar”.

 

Como ahora vemos que [1]nuestro vecino “arde”. Y pareciera que esa protesta destructora… –casi 2.000 detenidos, cientos de negocios asaltados, un ayuntamiento quemado… bueno, las cuatro cosas que salen, pero llamativas, muy llamativas-, pareciera que ese demostrativo poder destructor hiciera cambiar al poder establecido, que poco a poco se ha convertido en un tirano de leyes, normas y costumbres. Y sí, probablemente algún cambio –sí-, algún cambio habrá. Alguno. Y a lo mejor con eso, ya, la protesta ha merecido la pena.

 

Pero hasta ahora, las protestas de poder, de violencia, de destrucción… si bien han modificado algunos parámetros, no han cambiado el estilo, no han modificado la estructura, no han replanteado la esencia del modelo social. 

 

Porque tampoco el que protesta y agrede tiene un modelo que ofrecer, simplemente es la queja –ya, como desespero- de que lo que tiene no es suficiente ni adecuado. 

 

Es la continua idea, proyecto, actitud, testimonio, muestra, servicio, utilidad… lo que puede ir ganando espacio, influencia, capacidad… 

 

“Despacio”.

 

Y sí, mientras tanto, el poder va deprisa. Le corre prisa la renta, la ganancia, la especulación. Pero son prisas que terminan y que tienen que volver a empezar. Tienen que volver a reinventarse y seguir. 

 

Su mecanismo es entendible: no introducen ninguna novedad. 

 

Y por ello, el testimonio, la ilusión, la esperanza, la realización, la entrega… de proyectos, de ideas que se van renovando y cambiando y evolucionando, ésas no tienen un parámetro repetitivo, tienen un parámetro expansivo… que cambia, que transforma, que mueve, que convierte.

 

El Cielo permanece inmutable hacia la expresión de la vida, pero en realidad es una mutación permanente. 

 

El Universo permanece estable, pero en realidad es una transformación que no cesa.

 

La vida, en consonancia, por ocupar un lugar en el Universo y por estar permanentemente creada, no puede, en su dimensión, caer en la repetida posición, en la repetida actitud, en la desesperada situación, en el cansancio existencial… Si bien es cierto que todo ello se ha ido labrando en base a un personalismo, individualismo, egocentrismo, egolatría…

 

La Llamada Orante nos reclama nuestra existencia. Es decir, nuestra procedencia y nuestro origen. 

 

Nos reclama nuestra presencia. Es decir, la vida; con su natural misterio y capacitación.

 

Cada despertar es una nueva oportunidad que nos da la Creación para sentirnos Universo y para ejercitarnos como Vida. 

 

Y al culminar la jornada, debemos ¡descubrirnos en nuestras virtudes!, en aquellos servicios que hayamos prestado, puesto que nos han dotado de recursos para ello. 

 

Un Todo inabordable confía en nosotros y nos hace despertar, igual que nos hizo llegar. 

 

Y antes de que el sueño se inspire de nuevo, nos pide la cosecha de cada día.

 

Ante la queja: propuesta, sugerencia, actividad.

 

Ante el desespero: serenidad, imaginación, fantasía, posibilidad, sonrisa.

 

Ante la tristeza: ese juego, ese descubrirse entre tanta y tanta diversidad, infinita para cada uno.

 

Y ante nuestra eternidad: ningún motivo para tener miedo. ¿A quién?... ¿A quién?

 

Remodelar nuestro barro creador. Hacerlo digno del aliento del Misterio Creador. 

 

Maravillarnos de las capacidades que podemos percibir, notar, hacer.

 

Somos un cúmulo de bondades en el Universo, que atraviesa un momento de vanidades… como si ocurriera una tormenta. 

 

Si deparamos en nuestra esencia, en nuestros recursos y capacidades, y en esa permanente custodia creadora, sabremos apreciarnos en esa bondad inmanente, trascendente, presente. Que, aunque muestre facetas convulsas de vanidades, de soberbias, de orgullos… eso no desacredita su esencia.

 

Que no perturbe nuestra mirada virtuosa, la descompuesta actitud de unas acciones… largas o cortas. 

 

El orar –nuestro refugio de Amor- es el calor y el frío a la vez, que nos da el temple necesario para que nuestra permanencia sea inagotable.

 

[1] Francia

***


 

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