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LEMA ORANTE

Ante el acoso contaminante de las guerras rescatar las actitudes de arte”

JLP 26042026

 

Y en la medida en que la Clemencia, la Misericordia y la Bondad están con nosotros, en el sentido de incorporarlas –incorporar esas palabras- al estar, al relacionarse cotidiano, estaremos vibrando en la evolución del vivir hacia la consciencia plena de nuestra naturaleza: Misterio Creador.

 

El acoso contaminante de las guerras, en sus facetas más resaltantes –como la economía, la espiritualidad, la arrogancia, la demostración de poderío-, pudiera parecer que queda como un acontecer lejano o ajeno, aunque pensemos que estamos exentos de ser contaminados por estos aconteceres que parecen turnarse según planes ignorados.

 

Acontece que esa disputa de humanidad, en su contagio, nos puede ir convirtiendo en practicantes guerreros de diferentes índoles, precavidos y desconfiados, hasta el punto de que nos puede sorprender el porqué de esa actitud.

 

Pero la humanidad –como la vida en unidad-, ante cualquier acontecer… en el ejercicio de la vida, se hace porosa a todas las criaturas.

 

La Llamada Orante nos advierte acerca de las actitudes y respuestas que nos pueden hacer y convertir en guerreros, en combatientes, en predominantes… por ese contagio creciente que cada vez nos rodea más.

 

Y es así que la conversión debe estar en permanente actividad, con un sentido purificador, ante la aparición inesperada de actitudes guerreras, combativas.

 

Y, en consecuencia, cuando acontecen, tener el temple necesario, primero para darse cuenta… y aminorar posibles respuestas de carácter violento.

 

Y a la vez, ser bálsamo a otros que, contaminados por ese poder, tratan de mostrarlo como algo… necesario.

 

La Llamada Orante nos promueve, ante estos aconteceres, con actitudes –además del estar atentos y cuidar el aliento conciliador-… nos remite a comportamientos y actitudes de arte.

 

Es decir, aproximarse a cualquier actividad con la actitud artística, con la actitud de resaltar lo virtuoso, lo impecable; con la disposición de crear ambientes, situaciones de gozo, de alegría: puntuales momentos que hagan posible un ejercicio de vida que nos preserve de ese contagio, de esa advertencia. Ese estar en la Clemencia, en la Misericordia y la Bondad permanente.

 

Y esa disposición de arte es la que nos puede dar la respuesta a la pregunta habitual: “¿Y qué hacer ante todo esto…?”.

 

“Arte”.

 

Esa calidad que se ha resaltado en otros momentos como el referente de intenciones y de realizaciones, precisa –y así nos lo transmite la llamada- de una disposición artística.

 

Habitualmente, “eso del arte” se fue y se va remitiendo cada vez más a corpúsculos que, obviamente, se hacen cada vez más inseguros y atípicos porque han perdido su aroma guerrero: el que demanda el presente.

 

Y aunque también pueda contaminarse el arte, difícilmente queda abolido por la guerra.

 

Aunque no es lejano el recuerdo de “El Arte de la Guerra”, ya no se emplea esa expresión, pero late en el poderoso, en el combatiente, el lograr una victoria resplandeciente, con una estrategia impecable. Es decir, llevarlo a la categoría artística.

 

Manuales, libros y documentaciones ilustran ese “Arte de la Guerra”.

 

Y es ahí precisamente donde debemos rescatar el arte como expresión de amor del ser.

 

El arte, como la precisión del aroma amable del momento.

 

El arte como “encarnarse artístico”, puesto que somos un diseño de arte y la vida es un diseño de arte.

 

Y es así que, en cualquier manifestación que se realice, se evoque la perspectiva artística: en la actitud corporal, en la vestimenta, en el adorno, en el andar, en el alimento, en la palabra…

 

La Llamada Orante nos advierte de que no podemos dejarnos llevar hacia el arte de la guerra o hacia el arte sectario de unos pocos, sino a recuperar nuestro sentido creador de arte. Y ver, desde el minucioso arte estructural de nuestra forma y de las formas diferentes de vida, hasta el mínimo hacer, responder o escuchar.

 

Y con el arte –nos advierte también el Misterio Creador-, “la imprescindible actitud creativa”.

 

Hemos sido creados y somos creadores. Con lo cual, con ese soporte del arte, con esa atención de la porosidad del contagio, con ese cuido del ejercicio de la Clemencia, la Misericordia y la Bondad, con esas respuestas adecuadas a actitudes guerreras, con esas posiciones de disolver el arte de la guerra y adentrarse en la espontánea muestra de arte, añadir… –que más que un añadido es una necesaria continuidad- esa creatividad, ese toque… que modifica, que amplifica, que expande cualquier actitud habitual de arte.

 

Porque, sí, puedo hacer una canción, un poema, un adorno floral, un plato exquisito… pero, con todo ese arte, hay que incorporar ese “toque personal”…; esa singularidad, como expresión singular de lo que somos dentro de una unicidad: Misterio.

 

El creer, el recrear, el creativizar… y ser una consecuencia del Misterio Creador –porque esa es nuestra naturaleza- conlleva esa singular originalidad que, al menos por un tiempo, por un instante, permanece y se repite, pero que siempre tiene el anhelo de saber que hay algo más.

 

Ese “algo más” que, al creativizarnos a través del arte –“el arte de vivir”-, nos acerca… valga la palabra “acercarse”, pero mejor sería nos hace vibrar más en nuestra naturaleza de Misterio Creador.

 

Con la alerta de saber, como práctica –“con la alerta de saber, como práctica”-, que siempre falta un detalle, o cabe la posibilidad de un detalle, estaremos con esa ayuda en la creatividad, en lo creado.

 

Y una vez teóricamente completada la actitud artística, plantearse: “Pero admite un detalle”; que podrá salir en el instante o luego o más tarde, pero la importancia trascendental del detalle hace que la realización del ser como arte –como arte creador, de creación, de Misterio Creador-… hace que nuestra vibración de consciencia se incremente, se amplifique, se sintonice con este universo que se expande y se muestra incontenible.

 

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